Historia

El trasplante de órganos está representado en la literatura mítica de numerosas culturas como un símbolo de renovación y cura de enfermedades.

El registro histórico más antiguo está en una leyenda de la India del siglo XII (a.C.) que relata el poder de Shiva, un dios hindú que trasplantó la cabeza de un elefante en su propio hijo creando a Ganesha, el dios de la sabiduría. Ocho siglos más tarde en China, Pieu Chi’ao relata el intercambio de los corazones de dos pacientes afectados por un desequilibrio de energías. Según la leyenda después del trasplante administró a los receptores una infusión de poderosas yerbas para promover la aceptación de los injertos.

En la cultura occidental el primer "trasplante" está consignado en la Leggenda Aurea de Jacobo de Varagine que describe el milagro de los santos Cosme y Damián que reemplazaron la pierna gangrenada de un sacristán por la de un gladiador etiope muerto en la arena.

La era moderna de trasplante de órganos, sin embargo, comenzó a principios del siglo XX gracias al descubrimiento de nuevas técnicas de suturas. En particular los aportes de Ullman (1902) y Carrel (1914) permitieron establecer las bases de las anastomosis vasculares. En 1933 se efectuó el primer trasplante renal de humano a humano por el cirujano ucraniano Yu Yu Voronoy. El injerto nunca funcionó y el receptor falleció a los pocos días de la operación. Desde esa época varios intentos fracasaron desalentando el interés por este tipo de operaciones.

En 1947 Hume realizó un trasplante renal ex vivo en una paciente con insuficiencia renal postparto, anastomosando los vasos de un riñón de cadáver a los vasos braquiales del receptor. Este injerto funcionó transitoriamente y la paciente sobrevivió, lo que impulsó nuevamente el trabajo en esta área por los cirujanos de la época.

El hecho más sobresaliente se produce en 1954 en Boston cuando Murray documentó la sobrevida permanente de un trasplante renal entre hermanos gemelos. Después de esto numerosos centros de trasplante comenzaron a formarse en todo el mundo. Durante este mismo período se introdujo la azatioprina, lo que permitió el desarrollo del trasplante donante cadavérico. En 1963 se efectuó el primer trasplante de hígado y en 1967 el de corazón.

Muy importante en el período posterior fue la introducción de Ciclosporina en 1980, lo cual mejoró significativamente la sobrevida de los injertos e impulsó decisivamente el trasplante de varios otros órganos.

Durante un siglo de desarrollo la tecnología de trasplante de órganos permitió transferir la mitología a una realidad terapéutica efectiva para los pacientes con insuficiencia orgánica terminal.

 

Resultados Actuales en Trasplante Renal

Una buena referencia para conocer los resultados a largo plazo de trasplante renal lo constituye el informe periódico de la red de trasplantes de Estados Unidos (UNOS). En un informe reciente que incluyó a más de 80.000 pacientes trasplantados la sobrevida global del injerto a 1 y 5 años fue de 81 y 59% para receptores de donante cadavérico y 91 y 75%, respectivamente, para receptores de donante vivo. En el caso de la sobrevida de los pacientes, ésta es mayor en los receptores de donante vivo de 97 y 90% a 1 y 5 años, comparada con 93 y 80%, respectivamente, para receptores de donante cadavérico.

De acuerdo a los resultados de UNOS la predicción de sobrevida de injertos a 10 años es de 79% para trasplantes entre hermanos gemelos (HLA idéntico o dos haplotipos; ver sección "Estudios de histocompatibilidad"), 52% para trasplantes donante vivo padres a hijo (HLA un haplotipo) y 44% para donantes cadavéricos.

 

Evaluación del Potencial Receptor

El trasplante renal se ha consolidado como el tratamiento de elección para la mayoría de los pacientes con insuficiencia renal terminal. La principal indicación para trasplante renal es la mejoría significativa en la calidad de vida, especialmente en los pacientes jóvenes. A diferencia de otros órganos vitales los pacientes que no se trasplantan pueden permanecer en alguna forma de diálisis. Comparando poblaciones equivalentes, no se ha demostrado que el trasplante renal mejore la sobrevida de estos enfermos.

Este procedimiento tiene pocas contraindicaciones y un número significativo de enfermos pueden ser considerados candidatos potenciales. Teniendo en cuenta el limitado número de órganos versus el gran número de pacientes en diálisis se recomienda en general considerar activamente como candidatos a trasplantar a los pacientes con expectativas de vida de al menos > 5 años. Estimaciones señalan que alrededor de un 30% de los pacientes en un programa de diálisis crónica cumplen con estos requisitos.

Las principales contraindicaciones médicas para trasplantar son las enfermedades crónicas, la infección y el cáncer. La inmunosupresión puede acelerar el crecimiento tumoral y afectar negativamente la historia natural de la enfermedad. Los pacientes con una infección activa no deben ser trasplantados por el riesgo de un cuadro séptico postoperatorio. El estudio de infecciones debe incluir también infecciones ocultas o no sintomáticas, particularmente en accesos de hemodiálisis y peritoneodiálisis.

Los pacientes con serología positiva para hepatitis representan un grupo de alto riesgo. Aunque no se considera una contraindicación absoluta a los pacientes con marcadores para hepatitis C o B, la mayoría de los centros está de acuerdo en no trasplantar pacientes con evidencias de actividad bioquímica o histológica. Los pacientes con HIV positivo continúan siendo una contraindicación para recibir un trasplante renal.

Todos los potenciales candidatos deben ser evaluados completamente antes de ingresar a la lista de espera de trasplantes para determinar el estado general del paciente y tratar potenciales problemas antes de la operación (Tabla 1).

Tabla 1
Evaluación de Receptores para Transplante Renal

   
Historia y Ex. Físico:  
- Dental Evaluación completa incluyendo desfocaciones y extracciones.
- Pulmonar Rx Tórax, espirometría si es necesario.
- Corazón ECG, test de esfuerzo y/o ecocardiograma, angiografía y revascularización
- Gastrointestinal Ecografía abdominal, endoscopía, test de sangre oculta en deposiciones, otros estudios si es necesario. Tratar litiasis biliar previo al transplante.
- Genitourinario Cistoscopia o uretrocistografía. Considerar nefrectomía de riñones nativos si está indicado.
- vascular Examen vascular completo. Eco doppler extremidades inferiores si está indicado.
   
Laboratorio:  
- Calcio Hipercalcemía grave considerar paratiroidectomía pretrasplante.
- Hemograma Tratar la anemia con eritropoyetina y fierro
- Perfil bioquímico y nutricional Tratar deficiencias encontradas.
- Pruebas hepáticas Eco o TAC hepatobiliar, biopsia si está indicado.
- Amilasa TAC páncreas si está elevada
- Serología Citomegalovirus, HIV, hepatitis B y C, Epstein Barr, toxoplasma, chagas.
   
Psicológico Evaluación por psiquiatria si está indicado.
Inmunológico Grupo ABO, estudio HLA, PRA.
Previsión Costos de transplante, inmunosupresión, etc.


En los pacientes que han perdido un trasplante anterior y quieren retrasplantarse es necesario determinar si el injerto previo se perdió por causa médica o por falta de adhesión del paciente al tratamiento. Cuando la causa fue una complicación quirúrgica o el injerto funcionó por más de un año el pronóstico de un nuevo trasplante no es muy diferente de los pacientes que recibirán un injerto por primera vez. Sin embargo, cuando la pérdida fue consecuencia de un rechazo agudo precoz la sobrevida de un nuevo trasplante es menor. En estas condiciones es recomendable considerar un riñón con muy buena compatibilidad y tratar de evitar los alelos HLA del trasplante previo.

La enfermedad coronaria es una de las causas más importantes de muerte en los años después del trasplante. Por esta razón todos los pacientes con diabetes mayores de 50 años o con historia sugerente de angor deben ser evaluados con coronariografía para identificar a aquellos que se beneficiarían con angioplastia o bypass coronario pretrasplante.

Cualquier historia sugerente de enfermedad vascular periférica necesita una evaluación adicional. Se debe establecer si existen vasos adecuados en el receptor para realizar el trasplante y por otro lado que la circulación de las extremidades no se verá comprometida por el injerto.

En la mayoría de los pacientes con frecuencia se considerarán al menos alguno de los siguientes procedimientos quirúrgicos pretrasplante:

 
 

a) Nefrectomía de riñones nativos: en general no es un requisito necesario. Se considera en casos de: infección crónica del parénquima con o sin reflujo vesicoureteral, cálculos infectados, riñones poliquísticos gigantes o complicados, proteinuria masiva e hipertensión renovascular no controlada

b) Colecistectomía: en los casos de colelitiasis sea o no sintomática

c) Paratiroidectomía: en pacientes con hiperparatiroidismo secundario importante, ya que el tratamiento inmunosupresor puede potenciar el compromiso óseo

 

Estudios de Histo-compatibilidad

 

Complejo mayor de histocompatibilidad

Constituye un grupo de antígenos de la superficie celular que definen la naturaleza foránea o alogeneica de las células, tejidos u órganos trasplantados. La concentración de estos antígenos es especialmente alta en los linfocitos y por esta razón se utilizan estas células para identificar las distintas especificidades. Es por esta razón también que se conoce a estos antígenos como el sistema antigénico del linfocito humano (HLA). Este sistema está codificado por una serie de genes localizados en el brazo corto del cromosoma 6. Estos genes son heredados típicamente en forma mendeliana como un bloque o haplotipo desde cada uno de los cromosomas del padre y de la madre y se expresan en codominancia, constituyendo el perfil HLA de cada individuo. Por este motivo el estudio del HLA se utilizó como prueba de paternidad antes del desarrollo de las técnicas de DNA. Por definición, un hijo comparte un haplotipo de cada uno de sus padres. Los hermanos pueden compartir dos haplotipos, un haplotipo o ninguno.

Los cromosomas de los padres también pueden entregar otros determinantes menores que aún no han sido completamente identificados.

En el caso de individuos no relacionados genéticamente como en el donante cadavérico no es posible identificar haplotipos y se habla de match de determinantes individuales. Como veremos más adelante generalmente se examinan tres pares de estas identidades o seis alelos (A,B,DR), pudiendo existir una compatibilidad perfecta de seis match (raro), diferentes grados de compatibilidad o nula compatibilidad en el caso de cero match.

En términos generales, a mejor compatibilidad es mejor también la sobrevida esperada del trasplante, aunque para niveles intermedios de compatibilidad esta diferencia es menos importante probablemente como consecuencia del tratamiento inmunosupresor moderno.

Los antígenos HLA se dividen de acuerdo a su estructura y distribución celular en dos clases diferentes:

 
 

- Clase I: que se denominan HLA-A, -B y -C. Son expresados en la mayoría de las células nucleadas y constituyen los blancos mayores para las reacciones inmunes contra tejidos y órganos trasplantados.

- Clase II: HLA-DP, -DQ y -DR. Son expresados característicamente en los linfocitos B, monocitos, macrófagos y linfocitos T activados. No se expresan en las plaquetas. Están más relacionados a inmunorregulación.

 

En trasplante clínico los más estudiados e importantes son los antígenos A, B y DR.

La función normal de los antígenos HLA propios es presentar antígenos extraños al linfocito T e iniciar de este modo la respuesta inmune. En el desarrollo de esta respuesta las poblaciones de linfocitos T son específicas tanto para el antígeno como para las diferentes clases de HLA. Este tipo de reconocimiento forma la base para agrupar a los linfocitos T en dos grandes subpoblaciones: a) CD8(+) citotóxicos que reconocen antígenos en asociación con HLA clase I y b) CD4(+) que reconocen antígenos en asociación con HLA clase II.

El significado biológico de sistema HLA es especialmente relevante en la respuesta inmune del trasplante, ya que los antígenos extraños (también fragmentos de HLA extraños) son reconocidos por el linfocito T sólo cuando son presentados en asociación con las moléculas de HLA propias. Los antígenos clase II están relacionados al reconocimiento inicial y los clase I en el donante son los blancos primarios de la respuesta celular.

En la respuesta mediada por anticuerpos participan antígenos de las dos clases, los cuales también son capaces de gatillar la proliferación secundaria, la citotoxicidad y la liberación de interleukina-2 del linfocito T activado e indirectamente la activación del linfocito B y la generación de anticuerpos específicos.

 
 

Técnicas de tipificación HLA

 

Los principios básicos de tipificación HLA son muy similares a aquellos que se utilizan en la determinación del grupo sanguíneo. Como lo señalamos habitualmente se utiliza para este estudio el linfocito ya que es capaz de expresar los antígenos de HLA en gran concentración.

El examen más usado es la prueba de microlinfocitotoxicidad o test NHI, en el cual los linfocitos de la persona en estudio son tratados con un colorante fluorescente y expuestos a un panel de antisueros donde están incluidos los distintos tipos de HLA. Posteriormente se agrega complemento que es capaz de destruir los linfocitos que han reaccionado con los antisueros y éstos se identifican en microscopia fluorescente. Los resultados se expresan en magnitud de reacción de acuerdo a un score y la tipificación es asignada basada en la especificidad de los antisueros que producen reacciones positivas.

Actualmente también es posible tipificar por técnicas basadas en el estudio del DNA. Esta metodología es una importante referencia para especificidades "difíciles", aunque para las pruebas necesarias para trasplante probablemente la tipificación serológica es suficiente.

   
 

Crossmatch con linfocitos

 

El crossmatch sirve para detectar anticuerpos anti-HLA preformados contra las células del donante en el suero del potencial receptor. Es equivalente a las pruebas cruzadas para transfusión de sangre. El resultado de un trasplante o una transfusión con crossmatch positivo es similar: lisis celular o rechazo hiperagudo con pérdida fulminante del injerto.

El crossmatch es un examen de rutina y absolutamente necesario en trasplante de órganos. Para esto se utiliza el test NHI descrito previamente donde los linfocitos del donante sirven como blanco para el suero del receptor potencial. En los casos de crossmatch positivo es importante descartar la presencia de autoanticuerpos no-HLA, los cuales son irrelevantes para trasplantar y que pueden entregar resultados falsos positivos. Estos anticuerpos son característicamente IgM y reaccionan a baja temperatura. La manera más efectiva para confirmar un resultado positivo es tratar el suero con un agente reductor como ditiotreitol (DTT). Los anticuerpos IgM son inactivados por DTT, de manera que si aún persiste un resultado positivo este puede atribuirse a anticuerpos anti-HLA y por lo tanto constituir una contraindicación para trasplantar. Este estudio generalmente también constituye un complemento de rutina en el informe del laboratorio de histocompatibilidad.

En la actualidad se han desarrollado también métodos más sensibles que el crossmatch standard. Estas son las técnicas de citometría de flujo y el crossmatch antiglobulina, las cuales permiten detectar niveles muy bajos de anticuerpos circulantes, permitiendo seleccionar aún más las mejores combinaciones de donante y receptor. Aunque son pruebas muy sensibles su alto costo no permite todavía su uso rutinario.

   
 

Anticuerpos reactivos a panel de linfocitos (PRA)

 

Este es un examen que se realiza periódicamente a los pacientes en lista de espera para trasplante y que monitoriza la presencia de anticuerpos citotóxicos anti-HLA. Utiliza las pruebas serológicas de microlinfocitotoxicidad exponiendo suero del receptor a un panel de linfocitos T y B que expresan HLA representativos de la población.

El resultado de este examen se expresa en porcentaje de reactividad siendo el máximo de un 100%. En términos generales mientras mayor es el porcentaje de PRA, más sensibilizado se encuentra el paciente y son menores las probabilidades de tener un crossmatch negativo con un donante potencial.

Las causas más comunes de sensibilización son las transfusiones de sangre, el embarazo y parto y un trasplante previo.

 

Selección de Donantes

Al éxito del trasplante contribuye decisivamente la identificación y preparación apropiada del donante. Como requisito mínimo necesario para trasplantar en el caso de riñón se requiere compatibilidad de grupo sanguíneo ABO y crossmatch negativo entre receptor y donante.

Los donantes pueden ser cadavéricos o donantes vivos. Los donantes vivos son usados en aproximadamente el 25% de todos los trasplantes renales realizados en Estados Unidos y un número importante de centros de trasplantes los considera como la modalidad de elección a pesar de la morbilidad potencialmente asociada. Un hecho que contribuye a esto es el limitado número de donantes cadavéricos que ha permanecido relativamente estable en el tiempo.

En la Figura 1 se muestra el número de pacientes trasplantados en Chile en los últimos 10 años. Como se puede apreciar, existe una gran diferencia al compararlos con los pacientes en hemodiálisis crónica, incluso si se considera que un 30% de éstos es potencialmente trasplantable. El impacto inevitable de esta diferencia es un aumento sustancial en los tiempos de espera para trasplante de donante cadavérico, el cual puede medirse en meses o años.

 

Donante Vivo

Generalmente incluye familiares relacionados genéticamente que se seleccionan por su compatibilidad HLA. Progresivamente algunos programas han incorporado también en este grupo al donante emocionalmente relacionado (esposos, familiares políticos). En estos casos, sin embargo, se requiere definir exactamente el tipo de relación familiar y evitar cualquier incentivo monetario, el cual es ilegal en nuestra legislación. El estudio del donante vivo considera una rigurosa evaluación general, excluyéndose cualquier persona con riesgo de hipertensión o enfermedad renal en el futuro. También se incluyen la serología para enfermedades infecciosas, pielografía de eliminación y arteriografía renal. El estudio vascular permite conocer la presencia de arterias renales múltiples o anormales y elegir el riñón más adecuado para el procedimiento. Existiendo dos riñones de características similares generalmente se opta por el riñón izquierdo que tiene una vena renal más larga.

El uso de donante vivo ofrece varias ventajas para el receptor:

 
 

a) Disminuye el riesgo de insuficiencia renal aguda postrasplante como consecuencia de un menor tiempo de isquemia.

b) Mejor compatibilidad HLA, lo que permite usar menos inmunosupresión y disminuir los riesgos relacionados a ésta.

c) Permite iniciar el tratamiento inmunosupresor antes del trasplante, disminuyendo el riesgo de rechazo.

d) Permite disminuir el tiempo en lista de espera del receptor y convierte el procedimiento en una operación electiva.

e) Facilita el trasplantar antes del inicio de diálisis (pre-emptive), lo que es deseable en niños y pacientes jóvenes o diabéticos.

f) Presenta una excelente sobrevida del injerto al largo plazo, lo que puede superar los 20 años. También muy deseable en niños y pacientes jóvenes.

 
Sin embargo, la nefrectomía expone al donante —una persona previamente sana— a los riesgos de la operación sin ningún beneficio físico propio y a una mortalidad reportada de <0,05%. Por otro lado existe el riesgo potencial de deterioro de la función del riñón remanente en el curso de los años como consecuencia de la hiperfiltración. Aunque se estima que este riesgo es bajo y que la sobrevida de estos pacientes es equivalente a la de la población general es indispensable considerar caso a caso y entregar la información necesaria para que el donante exprese su decisión voluntaria.
 
   
 

Nefrectomía del donante vivo

 

La preparación preoperatoria comienza con una adecuada hidratación, habitualmente desde la noche previa a la cirugía con solución fisiológica o Ringer lactato 100 a 150 cc/hr.

La operación es similar a una nefrectomía simple, aunque requiere una cuidadosa disección y preparación de los vasos renales y el uréter. Generalmente se efectúa a través de una lumbotomía con o sin resección costal. Algunos equipos prefieren, sin embargo, un abordaje por laparotomía particularmente si existen arterias renales múltiples o si se trata de una nefrectomía del riñón derecho.

Un objetivo mayor durante la operación es obtener un riñón con excelente perfusión y diuresis. Con este fin se emplea un aporte de volumen generoso, incluyendo manitol o albúmina. Algunos grupos prefieren heparinización sistémica inmediatamente antes del clampeo vascular.

Después de la extracción el riñón se coloca rápidamente en un recipiente con solución helada y se perfunde con solución de preservación fría. En esta etapa se revisan y preparan los vasos renales y el uréter para el trasplante (ver sección procedimiento quirúrgico de trasplante renal).

 

Donante Cadavérico

Actualmente en Chile todos los donantes cadavéricos de órganos sólidos son pacientes en muerte cerebral y la mayoría son víctimas de traumatismos o accidentes vasculares cerebrales. De acuerdo a la ley en estos casos se debe establecer el diagnóstico y la causa de la muerte cerebral y obtener autorización escrita de la donación.

El sistema nacional de trasplante de órganos a través de la Corporación de Trasplantes de Chile dispone de un equipo de coordinadores durante las 24 horas al día para asistir a los médicos en el proceso de donación. Es recomendable que cualquier referencia en este sentido sea realizada en forma precoz con el objeto de evaluar las posibles contraindicaciones, asistir en el diagnóstico de la muerte cerebral, coordinar los requerimientos medicolegales e iniciar los exámenes de laboratorio necesarios.

Se aceptan como donantes potenciales pacientes entre 2 y 70 años, aunque no existen límites estrictos de edad. El uso de donantes < 4 años, sin embargo, está asociado a mayores riesgos de complicaciones y menor tolerancia a potenciales episodios de rechazo. Algunos centros prefieren en estos pacientes trasplantar ambos riñones en bloque a los vasos del receptor. En los donantes viejos o marginales se debe evaluar el grado de esclerosis glomerular por biopsia rápida antes de considerarlos como injertos útiles. Algunos grupos no trasplantan riñones con > 20% de glomérulos esclerosados debido a que están asociados a una alta frecuencia de injertos no funcionantes.

Entre las contraindicaciones absolutas para considerar un paciente como potencial donante cadavérico en Chile están:

 

- serología positiva para HIV y hepatitis B.

- antecedentes de cáncer con potencial de metástasis, a excepción de tumores cerebrales primarios no operados y carcinoma basocelular de la piel.

- sepsis bacteriana.

- enfermedad renal crónica o hipertensión severa.

 

En el caso de donantes con serología positiva para hepatitis C la situación es controvertida ya que la infección puede ser trasmitida por el injerto. Algunos centros consideran seguro en el corto plazo trasplantar estos riñones, especialmente si se tiene en cuenta que la eventual progresión del daño hepático en el receptor es característicamente lenta. Sin embargo, también se han descrito casos de curso fulminante después del trasplante.

Aunque otras infecciones virales también pueden trasmitirse vía injerto se considera que el riesgo es aceptable si se descarta la infección aguda y administra la profilaxis adecuada en cada caso.

 
 

Muerte cerebral

 

La muerte cerebral es la pérdida completa e irreversible de todas las funciones cerebrales y del tronco encéfalo. Es un diagnóstico clínico basado en la historia y los hallazgos del examen físico y en ocasiones confirmado por exámenes diagnósticos adicionales. La mayoría de las veces hay una causa obvia de muerte que corresponde con frecuencia a traumatismo o hemorragia cerebral. Otra causa menos común es la anoxia cerebral como consecuencia de accidentes por asfixia o paro cardiorrespiratorio prolongado.

En el proceso diagnóstico antes de considerar a un paciente en muerte cerebral deben excluirse las causas reversibles de inactividad cerebral como las producidas por drogas, las anormalidades metabólicas y la hipotermia.

En el examen físico la muerte cerebral se manifiesta como un coma profundo con ausencia de movimientos espontáneos y falta de respuesta a estímulos nocioceptivos. Pueden conservarse, sin embargo, algunos reflejos tendíneos de origen espinal.

Se consideran como signos de pérdida completa de la función del tronco encéfalo:

 
  - la ausencia de reflejos pupilares a la luz y acomodación;
- ausencia de reflejos oculovestibulares;
- ausencia de respuesta calórica;
- ausencia de reflejos corneales, y
- ausencia de reflejo de deglución.
   
 

La ausencia de movimientos respiratorios espontáneos puede evidenciarse con la prueba de apnea. Para esto el paciente se ventila con 100% de oxígeno por 10 minutos y se desconecta del ventilador por un período de 3 a 5 minutos manteniendo el oxígeno en forma pasiva por el tubo endotraqueal. Después de este tiempo se obtienen gases arteriales y se reconecta el ventilador. El propósito de esta prueba es estimular el centro respiratorio mediante la inducción de hipercarbia. La prueba se considera válida si la PaC02 es > 60 mmHg y no se produce respiración espontánea después de un período de observación de 10 minutos.

En algunos casos se requieren otros exámenes adicionales para confirmar el diagnóstico de muerte cerebral. Entre estos se consideran: electroencefalograma (EEG), cintigrama y tomografía axial computarizada cerebral.

   
 

Donante cadavérico en paro cardíaco

 

Considerando el gran déficit de órganos para trasplantar, también se han realizado esfuerzos para usar órganos de donantes en paro cardíaco.

Esta modalidad incluye la rápida instalación vía arteria femoral de una cánula aórtica con balones oclusivos para perfundir los órganos abdominales hasta el momento del procuramiento.

En Japón, donde la muerte cerebral no ha sido un concepto aceptado para donación de órganos, los trasplantes de donantes en paro cardíaco muestran resultados aparentemente comparables en el largo plazo a los países occidentales.

Sin embargo, el mayor obstáculo práctico de este sistema es que la mayoría de las veces el paro cardíaco es un evento inesperado, pudiendo existir períodos no cuantificados de isquemia caliente antes de la instalación de la cánula de perfusión.

Hasta ahora en Chile no existe experiencia ni legislación en este tipo de donantes. Sin embargo, cualquier protocolo en este tipo de pacientes debe ser evaluado en relación a los sentimientos y confianza de la familia del eventual donante.

   
 

El donante cadavérico en la ley chilena sobre trasplantes

 

Las normas actuales sobre trasplante y donación de órganos están descritos en la ley número 19.451 y su reglamento respectivo de 1996. La legislación señala varios aspectos importantes a considerar en el caso de un donante cadavérico. Establece que es obligación del médico de turno de la unidad respectiva notificar al centro de trasplantes más próximo la presencia de cualquier persona en estado potencial de muerte cerebral.

El diagnóstico de muerte cerebral debe ser realizado por dos médicos independientes del equipo de trasplantes y al menos uno debe ser un neurólogo o neurocirujano. El diagnóstico es clínico y debe señalar la causa de la muerte (traumatismo, accidente vascular cerebral, etc). Deberá excluirse toda circunstancia que pueda restar validez o interferir el examen clínico y en casos especiales se consideran también algunos exámenes complementarios que deben confirmar el diagnóstico.

La ley establece también la calidad de donante legal, en todo caso en que se sospeche que la muerte de la persona fue el resultado de un delito o ha sido provocada por vehículos en la vía pública, o que el fallecimiento dé lugar a un proceso criminal. En estos casos deberá requerirse adicionalmente la autorización del Director del Servicio Médico Legal o del médico en quien éste haya delegado esta atribución.

Se establecen en la ley también varias modalidades para donar los órganos en vida en la eventualidad de muerte cerebral:

 
 

- declaración jurada ante notario efectuada en forma voluntaria por cualquier persona considerada plenamente capaz;

- en la obtención o renovación de la cédula de identidad, manifestando el deseo por escrito de ser donante de órganos ante el funcionario del registro civil;

- mediante el mismo procedimiento en el caso de la licencia de conductor de vehículos motorizados, y

- en cualquier momento al internarse en un establecimiento hospitalario.

   
 

Aunque cualquiera de estos sistemas es útil, es una práctica permanente de los equipos de trasplante solicitar el consentimiento de donación directamente a los familiares en todos los casos de un donante en muerte cerebral con el interés de mantener la confianza de la opinión pública.

La real utilidad de la donación en vida es discutir en el seno familiar el interés de donar y facilitar así la decisión de los familiares en un momento tan difícil.

 

Sistema Nacional de Trasplante de Órganos

En Chile funciona actualmente un sistema unificado de procuramiento y distribución de órganos DC.

Los pacientes en espera de trasplante de órganos cadavéricos deben estar inscritos por los centros trasplantadores en una lista nacional única que administra el Instituto de Salud Pública de Chile (ISP). En el ISP se mantiene un registro actualizado de los potenciales receptores, de manera que cuando se produce un donante en cualquier parte del país, los órganos respectivos son asignados en forma idónea y de acuerdo a un determinado puntaje.

En esta puntuación se considera, entre otras variables, el grado de compatibilidad HLA que comparten donante y receptor, el tiempo de permanencia en la lista de espera y la urgencia médica de cada caso en particular.

Cuando se trata de órganos pares el equipo procurador puede disponer de uno de los órganos para los pacientes de su centro manteniendo las normativas señaladas por el ISP.

Este tipo de distribución centralizado está destinado a evitar discriminaciones y favoritismos en la asignación de injertos.

En forma paralela trabaja también la Corporación de Trasplantes de Chile. Esta es una entidad privada y sin fines de lucro que organiza a los centros trasplantadores del país. Entre sus objetivos está el apoyar a los médicos en el proceso de donación, procuramiento y preservación de órganos. En los centros donde no existen equipos de trasplante la Corporación es la entidad que se debe contactar ante un eventual donante cadavérico.

 

Rol del Médico ante el Eventual Donante Cadavérico

El proceso de donación de órganos es complejo y requiere los esfuerzos coordinados de numerosas personas, incluyendo al equipo médico tratante, neurólogos, coordinadores de trasplante, tecnólogos de histocompatibilidad y cirujanos de procuramiento.

El personal médico de las unidades de tratamiento intensivo o de los servicios de urgencia se verá enfrentado con frecuencia a un paciente en muerte cerebral y deberá considerarlo como un donante potencial. La ley establece la obligatoriedad de referir estos casos a la unidad de trasplante más cercana. En el sistema nacional esta referencia puede efectuarse a la Corporación de Trasplantes.

Las diversas etapas en la obtención de los órganos son realizadas por los coordinadores de trasplante locales o de la Corporación. No obstante es necesario que el médico tratante participe o colabore en algunas de ellas (Tabla 2).

El proceso comienza con la identificación de un donante potencial, generalmente un paciente grave en coma profundo o con sospecha de muerte cerebral. En todos estos casos es recomendable la comunicación a los coordinadores de trasplante. Una referencia precoz, incluso antes de la declaración de la muerte cerebral, permite a los coordinadores entregar una mayor asistencia al equipo tratante, poder evaluar la factibilidad de la donación y solicitar los exámenes de laboratorio pertinentes.

Después de la declaración de la muerte cerebral, la participación del médico tratante es muy importante en la aproximación a la familia y plantear la opción de la donación.

En muchos casos la mantención del donante potencial será realizada por el equipo de coordinadores de trasplante, aunque en otros se requerirá un rol activo del equipo tratante.

Es trabajo de los coordinadores contactar a los equipos quirúrgicos y organizar el procuramiento.

Tabla 2
Etapas en el proceso de Donación

1. Identificación de un donante potencial.
2. Referencia a coordinadores locales o de la Corporación de Transplante.
3. Evaluación del donante por coordinadores y declaración de la muerte cerebral.
4. Consentimiento familiar
5. Autorización del médico legista en caso necesario.
6. Mantención del donante.
7. Procuramiento.
8. Disposición del cadáver a los familiares o al Instituto Médico Legal en los casos necesarios.
9. Estudios de histocompatibilidad.
 
 

Consentimiento familiar

 

La mayoría de las veces le corresponde al médico tratante informar a los familiares el fallecimiento. Esta es una situación especialmente dolorosa y se debe actuar con delicadeza y caridad cristiana. A continuación del informe del fallecimiento y eligiendo el momento menos inoportuno se puede plantear la posibilidad de donación. Desacoplar la discusión de la muerte y la donación aumenta la probabilidad de obtener el consentimiento familiar. Es mucho más probable que los familiares accedan a la donación si se les da el tiempo suficiente para aceptar que su ser querido está en muerte cerebral antes de discutir una donación potencial.

La mayor parte de las organizaciones de trasplante en el mundo tienen personas especialmente preparadas sólo para entrevistar a los familiares en estas circunstancias y plantear la donación.

En algunas ocasiones son los mismos familiares los que expresan espontáneamente el deseo de donación, generalmente cuando ha existido alguna manifestación en vida del fallecido.

El consentimiento de donación debe ser efectuado por los familiares directos y por escrito en un formulario ad hoc.

De acuerdo a cifras recientes de la Corporación de Trasplantes de Chile alrededor de un 40% de los casos los familiares niegan finalmente la donación. La negativa de donación es una opción absolutamente aceptable y garantizada en la legislación y no es apropiado insistir.

   
 

Manejo del donante en muerte cerebral

  El manejo del donante potencial de órganos comienza inmediatamente después de la declaración de la muerte cerebral y en especial si hay alguna manifestación o consentimiento para la donación. La función inicial de cualquier trasplante está relacionada directamente y en gran medida a la preparación del donante.
   
 
  1. Asistencia respiratoria
 

La ventilación mecánica debe mantenerse igual que en el paciente vivo para asegurar una buena preservación orgánica.

Los objetivos mínimos son:

 
 

- PaO2 entre 80-100 mm Hg
- PaCO2 entre 30-40 mm Hg
- PEEP < 10 cms H2O, o el mínimo necesario para mantener una buena oxigenación sin afectar los parámetros hemodinámicos.

   
  2. Manejo hemodinámico
 

La causa más común de inestabilidad hemodinámica es la hipovolemia, que es consecuencia del tratamiento previo a la muerte destinado a disminuir el edema cerebral. Por otro lado, también contribuye la poliuria por diabetes insípida que se presenta hasta en más 90% de los casos.

En otros casos la hipovolemia es secundaria; pérdidas de sangre por hemorragias en los pacientes con traumatismos u operaciones.

Como objetivos hemodinámicos mínimos se recomiendan:

 
  - presión arterial sistólica >100 mm Hg
- PVC >10 cms H2O
- Diuresis > 50 cc/hr
- Hematocrito > 25%
   
 

Estos objetivos pueden conseguirse con la administración agresiva de cristaloides, coloides o productos sanguíneos.

El registro de la PVC asociado al control seriado de la osmolaridad plasmática facilita la administración de volumen. Con frecuencia los donantes en muerte cerebral requieren grandes aportes en corto tiempo y las mediciones aisladas de la PVC pueden inducir a errores. Es muy recomendable también una línea arterial y en algunos casos un catéter en arteria pulmonar.

En los casos en que a pesar del aporte de volumen la presión arterial se mantiene baja es posible utilizar Dopamina en dosis < 5ug(kg/min preservando la perfusión renal. Dosis > 10 ug/kg/min producen vasoconstricción renal.

Los donantes que no responden adecuadamente al volumen y la Dopamina, probablemente tampoco serán considerados como donantes efectivos. Sin embargo, en el caso de donantes renales exclusivos es posible considerar, además, el uso de otros agentes inotrópicos en dosis bajas y por un período corto sin afectar en forma importante la función renal.

Pueden presentarse también bradiarritmias, las que generalmente acompañan el enclavamiento de tronco. Rara vez responden a atropina y se recomienda usar de partida isoproterenol o epinefrina. Si existe donación en estos casos debe procederse con rapidez al procuramiento.

   
  3. Manejo metabólico e hidroelectrolítico
 

La hipotermia se presenta con frecuencia en el paciente en muerte cerebral como consecuencia de la pérdida del control hipotalámico de la temperatura y la administración de grandes cantidades de volumen a temperatura menor que la corporal. La hipotermia puede producir fibrilación ventricular y favorecer la aparición de coagulopatía. Por este motivo es recomendable mantener una temperatura > 34ºC con frazadas térmicas o aumentando la temperatura ambiental. En lo posible también es recomendable administrar soluciones endovenosas de reemplazo entibiadas.

La diabetes insípida se maneja inicialmente con reemplazo de la diuresis al 100% usando solución glucosada hipotónica sin NaCl. Si aparece hiperglicemia asociada a glucosuria (generalmente glicemia >2,5 gr/L) puede cambiarse a solución fisiológica al 50% y utilizar insulina. Si la poliuria es muy difícil de manejar sólo con el reemplazo (diuresis > 500 cc/hr) es útil la administración de vasopresina en dosis de 5 a 10 U e.v. cada 8 a 12 horas. Aunque la vasopresina aumenta la reabsorción de sodio y agua desde el túbulo distal, también se asocia a vasoconstricción. Por esta razón algunos centros prefieren utilizar desmopresina endovenosa (DDAVP) en dosis de 0,3 a 0,4 ug/kg.

Las alteraciones electrolíticas y acido-básicas deben corregirse precozmente. Algunas de las recomendaciones mínimas se presentan en la Tabla 3.

Los niveles circulantes de cortisol disminuyen rápidamente con la muerte cerebral. Es por esto que muchos equipos de procuramiento utilizan pretratamiento con metilprednisolona 1 gr e.v. En teoría, esta estrategia permitiría, además, modificar la capacidad antigénica de los órganos a trasplantar al reducir los leucocitos "pasajeros" en los tejidos. Sin embargo, no está clara la utilidad real de este tipo de tratamiento.

Las hormonas tiroideas también disminuyen. Tampoco en estos casos la terapia de reemplazo ha demostrado algún beneficio.

Los donantes en muerte cerebral en más de un 90% presentan coagulopatía debido a las grandes cantidades de sustancias fibrinolíticas que son liberadas en la circulación. Esto puede corregirse en parte con la administración de plasma fresco congelado.

La presencia de coagulopatía no es necesariamente una contraindicación para la donación si los órganos aún se conservan funcionales. En los casos de dudas es aconsejable la biopsia contemporánea de los órganos en el momento del procuramiento.

   
  4. Asistencia en el pabellón quirúrgico
 

Durante la operación es necesario un control estricto de los parámetros hemodinámicos y ventilatorios. Con frecuencia pueden presentarse algunos reflejos espinales después de la muerte cerebral que pueden manejarse con relajantes musculares.

Los donantes multiorgánicos requieren aun mayor vigilancia que los donantes de un solo órgano ya que la operación puede prolongarse varias horas y las pérdidas de sangre pueden ser significativas como consecuencia de la coagulopatía.

Se recomienda en lo posible mantener la dopamina < 10 ug/kg/min. Esto puede verse facilitado ya que la presión arterial tiende a mejorar cuando se procede al clampeo de la aorta abdominal a nivel de la bifurcación aórtica.

Si aparecen arritmias ventriculares es recomendable utilizar como primera línea el Bretilio. También puede necesitarse calcio, bicarbonato o epinefrina.

La mayoría de los equipos procuradores administra manitol y furosemida antes del clampeo proximal de la aorta. Como regla todos los donantes deben recibir heparinización sistémica en dosis de 10.000 a 20.000 unidades para evitar el riesgo de coagulación intravascular después del clampeo aórtico proximal.

Después del clampeo proximal se inicia la perfusión de la solución de preservación. Sólo en este punto se puede desconectar el ventilador y suspender el apoyo hemodinámico.

   
  5. Procuramiento de órganos de donante cadavérico
 

La técnica habitual está diseñada para la extracción de múltiples órganos abdominales. Se efectúa una laparotomía, en cruz o una esternolaparotomía, lo que permite que cada órgano que va a ser extraído sea disecado con su vascularización intacta.

La aorta se canula a nivel de bifurcación o los vasos iliacos y se clampea sobre el tronco celíaco. Se obtiene de esta manera un circuito cerrado abdominal para la infusión de la solución de preservación fría. Todo este procedimiento se realiza con heparinización sistémica.

Los riñones se obtienen en bloque con la aorta y la vena cava. Una vez extraídos se procede a la separación en dos unidades, conservando un parche de aorta y vena cava en los vasos renales. Todos los órganos procurados se mantienen en condiciones en preservación fría hasta su implantación en el receptor.

 

Figura 1: Esquema de perfusión renal.
 

Tiempos de Isquemia y Preservación Renal

Isquemia caliente: representa el período de tiempo entre el clampeo aórtico o el paro circulatorio y el comienzo de la preservación en frío. Idealmente este período debe ser cercano a cero o al menos < 20 minutos. Isquemia fría: es el período de preservación en frío. Los tiempos máximos aceptables son diferentes para cada órgano y dependen del tipo de preservación utilizada (riñón>hígado>corazón). En el caso de riñón la preservación puede efectuarse por simple almacenamiento en frío o utilizando una máquina de perfusión continua. En Chile disponemos sólo de almacenamiento en frío.

Las soluciones de preservación actuales permiten períodos seguros de almacenamiento renal en frío de hasta 30 a 48 horas con una funcionalidad inicial > 70%.

 

Procedimiento Quirúrgico de Trasplante Renal

En el paciente pediátrico < 10 kg el acceso habitualmente es transperitoneal y los vasos renales se anastomosan a la aorta y vena cava del receptor.

En el paciente adulto el riñón se implanta en alguna de las fosas ilíacas y extraperitoneal (Figura 2). Los vasos renales se anastomosan a los vasos ilíacos del receptor. Se efectúa una incisión ilíaca que permite desplazar el peritoneo medialmente y exponer y clampear adecuadamente los vasos ilíacos comunes y/o sus ramas. La arteria renal se anastomosa de preferencia a la arteria hipogástrica terminoterminal o a la arteria ilíaca común terminolateral. En esta última situación se prefiere conservar un parche de aorta en la arteria del riñón donante utilizando la técnica descrita por Carrel. La vena renal se anastomosa a la vena ilíaca común o externa terminolateral. En la mayoría de los casos el uréter del riñón donante se reimplanta en la vejiga utilizando la técnica extravesical de Lich y con menor frecuencia mediante la técnica intravesical de Politano. En ambos casos se utiliza un sistema antirreflujo.


Figura 2: Dos técnicas de colocación del riñon.

Durante las anastomosis vasculares el riñón se mantiene con irrigación de solución fría para evitar el recalentamiento prematuro. Después de la revascularización, sin embargo, es recomendable irrigar el injerto con solución caliente para disminuir el vasoespasmo y facilitar la reperfusión.


Figura 3: otra imagen del riñon trasplantado en situación extraperitoneal.

No existe consenso en si debe dejarse o no drenaje de la zona operatoria. No parecen existir diferencias importantes en ninguna de las dos opciones. Todos los pacientes se mantienen con una sonda vesical por algunos días después del trasplante.

 

Tratamiento Inmunosupresor

En los primeros años clínicos de trasplante renal el tratamiento inmunosupresor incluyó dosis subletales de radiación corporal total y químicos no selectivos en un intento por destruir el sistema inmunológico del receptor. Sin embargo, estas modalidades de tratamiento se abandonaron al corto plazo por su alta morbimortalidad.

En la década de 1960 comienza la era moderna de terapia farmacológica para trasplante de órganos con la introducción de la azathioprina (AZA). La asociación de esteroides y AZA (AZA-PRED) fue el tratamiento inmunosupresor standard en trasplante renal por casi 20 años hasta la introducción de la Ciclosporina (CyA) en 1980.

Con el esquema AZA-PRED, la sobrevida a un año de los riñones trasplantados alcanzó un 75 a 90% para donante vivo relacionado y un 50 a 70% para donante cadavérico. La introducción de la CyA permitió aumentar estas cifras aproximadamente en un 15%, alcanzando para riñón cadavérico una sobrevida igual o superior al 85% al año.

Actualmente existen varios inmunosupresores para uso clínico que permiten un manejo más específico, aunque no exento de riesgos.

Algunos conceptos del tratamiento inmunosupresor en trasplante renal que conviene tener en cuenta son:

 
 

- No existe un tratamiento inmunosupresor ideal. La tendencia actual es utilizar agentes progresivamente más selectivos que permitan suprimir la respuesta al injerto y preservar las funciones globales del sistema inmunológico.

- El tratamiento es permanente y debe mantenerse al menos por el tiempo en que el injerto continúe funcionando. Incluso cuando el riñón trasplantado ha sufrido un daño irrecuperable en su función no es conveniente suspenderlo en forma brusca ya que se puede desencadenar el fenómeno inflamatorio local y sistémico del rechazo agudo.

- Todos los pacientes necesitan tratamiento inmunosupresor. La única excepción es el trasplante entre gemelos idénticos que pueden requerir tratamiento por un período corto de tiempo.

- No todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento y éste debe individualizarse considerando los riesgos de toxicidad de los distintos agentes y la reactividad inmunológica del receptor.

- En la actualidad el tratamiento incluye en general la asociación de dos o más drogas, las que pueden modificarse en el curso del tiempo. Esta estrategia permite dosis más bajas de los diferentes agentes, con lo cual el riesgo de toxicidad también es menor. Por otro lado los mecanismos de acción de las diferentes drogas son también diversos, con lo que se consigue bloquear la respuesta inmune en diferentes niveles potenciando el efecto inmunosupresor.


Figura 4: Esquemas de inmunosupresión. Punto de acción de las drogas.
   
 

Inmunosupresores y mecanismos de acción

 
   
  1. Corticoides
 

Son inmunosupresores inespecíficos con importantes efectos colaterales. Sin embargo, continúan utilizándose en la mayoría de los protocolos, aunque la tendencia actual apunta a reducir sus dosis o a retirarlos progresivamente.

Su efecto inmunosupresor más importante consiste en inhibir la expresión de numerosos genes de citoquinas de los linfocitos y del sistema monocito-macrófagos. Inicialmente forman un complejo con un receptor citoplasmático con el cual trasloca al núcleo donde se une a una secuencia del DNA conocida como elemento de respuesta glucocorticoidea (GRE). Los GRE forman parte de regiones promotoras de genes de citoquinas y este complejo inhibe la transcripción de estos genes. Entre las citoquinas afectadas se encuentran IL-1, IL-2, IL-3, IL-6, TNF-a, y gama interferon. Como se ha señalado, varias de estas linfoquinas son críticas en la activación del linfocito T.

   
  2. Agentes linfocito-específicos
  Contituyen los agentes fundamentales del tratamiento inmunosupresor moderno. Actúan en la vía de activación del linfocito T, inhibiendo especialmente la producción de IL-2. La mayoría son sintetizados a partir de metabolitos producidos por hongos.
   
  Ciclosporina A
 

Es un polipéptido cíclico con gran potencia inmunosupresora selectiva sobre el linfocito T. Probablemente es el agente principal de la mayoría de los protocolos en trasplante renal. Su mecanismo de acción se basa en la formación inicial de un complejo con su receptor citoplasmático o ciclofilina. Este complejo es capaz de inhibir la calcineurina, enzima citoplasmática que normalmente desfosforila algunas proteínas reguladoras nucleares llamadas en globo: factor nuclear del linfocito T activado (NF-AT). Este factor es clave en la transcripción del gen de IL-2. En consecuencia, la actividad de CyA determina finalmente una inhibición en la síntesis de esta citoquina. También se ha demostrado que CyA es capaz de afectar la síntesis IL-3, IL-6, IL-7 y gama interferón.

La forma más utilizada en la actualidad es la microemulsión de CyA, siendo el prototipo de esta el Neoral. Esta formulación permite mejorar la absorción intestinal y es independiente de la presencia de bilis o alimentos. Sin embargo, el principal problema con el uso de CyA continúa siendo su gran variabilidad inter e intraindividual, lo que no permite dosificar este agente de acuerdo al peso del individuo. Es por esta razón que la CyA debe monitorizarse con niveles sanguíneos idealmente seriados para calcular mejor la exposición a este agente.

Una estrategia recomendada para las drogas que tienen una gran variabilidad es calcular el área bajo la curva de concentración versus tiempo. Esta metodología se utiliza en el paciente trasplantado progresivamente con mayor frecuencia, en especial con la incorporación de Neoral, que permite un cálculo abreviado del área basado en dos o tres puntos de la curva.

Desafortunadamente este agente depliega una gran variedad de efectos tóxicos: nefrotoxicidad, neurotoxicidad, hepatotoxicidad, hirsutismo, hiperplasia gingival, alteraciones metabólicas, etc.

La nefrotoxicidad constituye, sin embargo, el más importante, en su forma aguda y crónica. En un riñón con grados variables de isquemia como en el donante cadavérico el uso de la CyA puede estar inicialmente limitado. Por otro lado, en el largo plazo CyA se relaciona a un daño intersticial y vascular crónico que también puede limitar su uso.

Como muchos otros inmunosupresores CyA se metaboliza por el sistema citocromo p-450. Este sistema participa también en el metabolismo de numerosas otras drogas que pueden interactuar con CyA ya sea disminuyendo o aumentando sus niveles sanguíneos. Por esta razón también es imperativo en el paciente trasplantado monitorizar la introducción de cualquier nuevo medicamento.

   
 
  a) Tacrolimus (FK-506)
  Es un macrólido de origen fúngico, el cual aunque estructuralmente no está relacionado a CyA, su mecanismo de acción y efectos colaterales son muy similares. También se une a un receptor citoplasmático (FKBP) e inhibe calcineurina. Es más usado en trasplante hepático y en protocolos de rescate de rechazo en trasplante renal. No debe usarse asociado a CyA por el sinergismo potencial de los efectos colaterales.
   
  b) Sirolimus (Rapamicina)
 

Es un macrólido estructuralmente parecido a tacrolimus y también se une inicialmente a la misma proteína citoplasmática (FKBP). Sin embargo, este complejo no inhibe calcineurina sino que se une a una proteína llamada RAFT. Este complejo es capaz de bloquear la transducción de la señal de citoquinas y abortar las fases iniciales de la división celular (G1 a S).

Este nuevo inmunosupresor se encuentra en plena etapa de incorporación clínica. Su uso actual es en combinación con CyA, con el cual muestra un gran sinergismo. Los principales efectos colaterales de sirolimus son trombopenia, leucopenia y elevación de los triglicéridos.

   
  3. Agentes antiproliferativos
  Actúan tardíamente en la vía de activación del linfocito T inhibiendo la síntesis de nucleótidos.
 
  a) Azathioprina (AZA, Imuran)
  Constituyó por varias décadas el agente principal del tratamiento inmunosupresor. Es un antimetabolito, análogo de purinas. Este agente actúa inhibiendo las vías de metabolización de las purinas y también es incorporado como una base fraudulenta interfiriendo con la síntesis de DNA y RNA. Sus principales efectos colaterales son mielosupresión y hepatotoxicidad. Actualmente se usa en protocolos de triple combinación con CyA y corticoides.
   
  b) Micofenolato mofetil
 

Es un inhibidor reversible de la enzima inosin monofosfato deshidrogenasa (IMPDH). Esta es una enzima limitante de la síntesis de novo de las purinas que cataliza la formación de nucleótidos guanosina de inosina. Esta acción tiene un efecto antiproliferativo selectivo sobre los linfocitos T y B que dependen de la síntesis de novo.

En numerosas series clínicas de trasplante renal este agente ha demostrado ser efectivo en la prevención y tratamiento del rechazo. Sus principales efectos colaterales son gastrointestinales y mielosupresión.

   
  4. Anticuerpos antilinfocíticos
 
  a) Linfoglobulina, Timoglobulina
 

Son preparaciones policlonales producidas por inmunización de conejos o caballos con tejido linfoide humano. Su mecanismo de acción es diverso, actuando principalmente en la destrucción de los linfocitos circulantes.

Son extraordinariamente efectivas y se utilizan en infusión endovenosa en la inducción del tratamiento inmunosupresor y el rescate de episodios de rechazo agudo. Sus efectos colaterales se relacionan a su calidad de proteínas extrañas, produciendo fiebre, mialgias, artralgias y en el caso extremo enfermedad del suero.

   
  b) Anticuerpos monoclonales
  - OKT-3
  Es un anticuerpo monoclonal IgG, dirigido contra el complejo CD3 de los linfocitos T. Esta acción inactiva al linfocito T, el cual es retirado de la circulación por el sistema reticuloendotelial. Es especialmente efectivo en el tratamiento del rechazo esteroide-resistente y también se usa en protocolos de inducción. El principal efecto colateral está relacionado a la gran liberación de citoquinas con las primeras dosis, lo que puede gatillar la aparición de edema pulmonar.
   
  - Anti CD-25
  Son anticuerpos dirigidos contra el receptor de IL-2. Actualmente existen dos en diferentes etapas de uso clínico. Zenapax es un anticuerpo humanizado y Baxilimab es un anticuerpo quimera que han mostrado ser efectivos en protocolos de profilaxis. Sin embargo, aún no es claro si serán incorporados en la terapia standard del paciente trasplantado.
   
 

Rechazo del riñón trasplantado

  Se describen cuatro tipos de rechazo clínico basados en su curso temporal y sus mecanismos fisiopatológicos.
   
 
  1. Rechazo hiperagudo
  Como se describió anteriormente el rechazo hiperagudo se presenta inmediatamente después de la revascularización del injerto. Es causado por la presencia de anticuerpos preformados en el receptor y se caracteriza por la trombosis y pérdida irreversible del injerto. No existe tratamiento y la única estrategia para evitar esta complicación es una adecuada selección del donante basado en el estudio de crossmatch.
   
  2. Rechazo acelerado
  Se presenta dentro de los primeros 4 a 5 días del trasplante. Este tipo de rechazo es mediado por células y anticuerpos y representa una respuesta de memoria inmunológica por sensibilización previa del receptor a antígenos del donante. Esta sensibilización puede producirse entre otras causas como consecuencia de transfusiones o trasplantes previos. Histológicamente se caracteriza por la presencia de hemorragia. La infiltración celular puede incluso ser menos intensa que en el rechazo agudo. Puede tratarse con anticuerpos antilinfocíticos; sin embargo, representa un factor de riesgo de pérdida precoz del injerto.
   
  3. Rechazo agudo
 

Es el más común. Se presenta con mayor frecuencia durante los primeros tres meses posttrasplante y es muy raro después del año. Cuando aparece tardíamente puede traducir mala adherencia o suspensión del tratamiento inmunosupresor o la interacción con otras drogas que disminuyan los niveles de CyA.

Como síntomas clásicos se describen fiebre, aumento de peso, oliguria, edema periférico, hipertensión y dolor, aumento de consistencia y volumen en el área del injerto. Sin embargo, estas manifestaciones pueden ser evidentes en los pacientes con CyA..

Está mediado primariamente por células en más del 90% de los casos. Este tipo de rechazo es generalmente más fácil de tratar que el mediado por anticuerpos.

   
  4. Rechazo crónico
 

Este tipo de respuesta esta caracterizada por esclerosis glomerular, atrofia tubular y fibrosis intersticial. Se presenta en forma lenta después de meses o años del trasplante llevando a la pérdida del mismo. La fisiopatología de esta forma de rechazo no es completamente conocida. Aparentemente participan procesos inmunes celulares y humorales, como crisis repetidas de rechazo agudo e hipersensibilidad tardía. Por otro lado, también se ha relacionado a fenómenos no inmunológicos como la isquemia crónica y el efecto a largo plazo de la CyA.

No tiene tratamiento efectivo actual.

   
 

Matriz clínica de inmunosupresión en trasplante renal

 

Aunque existen actualmente numerosos agentes disponibles para uso clínico los protocolos usados en trasplante son con frecuencia específicos de cada centro y están basados más en experiencias locales que en argumentos científicos reales. Desafortunadamente los centros de trasplante tienden a usar regímenes uniformes a pesar que no todos los pacientes tienen el mismo riesgo de rechazo o toxicidad.

Desde un punto de vista descriptivo el tratamiento inmunosupresor puede dividirse en varias etapas.

 
  1. Inducción
 

El objetivo de esta etapa es establecer un nivel adecuado de inmunosupresión lo más rápido posible. En este período se utilizan dosis altas, existiendo mayor probabilidad de observar efectos colaterales de los agentes utilizados, que no todos los pacientes están en condiciones de tolerar.

En nuestra unidad esta etapa es considerada la más importante en la decisión del régimen inmunosupresor. Por este motivo los pacientes son estratificados de acuerdo a dos riesgos claves en este período inicial: rechazo y nefrotoxicidad (Tabla 3).

   
  2. Terapia de mantención
  La mayoría de los regímenes de mantención actuales para trasplante renal están basados en CyA en combinación sólo con corticoides o con un tercer agente, generalmente AZA o Micofenolato. Este período se caracteriza por dosis decreciente de los diferentes agentes en la medida que la etapa de mayor riesgo de rechazo (primeros 3 meses) se aleja. Después del año el tratamiento sufre pocas modificaciones tratando de evitar las complicaciones a largo plazo de los distintos agentes (dosis baja de cortocoides, monitorización estricta de CyA).
   
 

Tabla 3
Protocolos de Inmunosupresión y Dosis de Agentes Usados en Inducción en Trasplante Renal
(Unidad Trasplante Renal U. Católica)

Categ. de riesgo
(**)
Riesgo standard Primer trasplante
PRA<10%
>0-match HLA
receptor adulto

esquema biasociado:
CsA 8-10mg/kg/día
Pred 12-15mg/kg/1a semana (*)

riesgo de NTA T isquemia > 24 hrs
mala perfusión
donante pediátrico
donante límite
nefrotox x CsA
Inducción secuencial:
ATG 1,25mg/kg/día (***)
Pred 12-15mg/kg/1a semana (*)
CsA con Cr<3mg%
Riesgo de rechazo Retrasplante
PRA>30%
0-match
receptor pediátrico
Esquema triasociado:
CsA 8-10mg/kg/día
Pred 12-15mg/kg/1a semana (*)
Micofenolato 1,5-2gr/día
o inducción secuencial

(*) Esteroides calculados en dosis equivalentes a Prednisona para la 1a semana
(**) Se consideran al menos alguna de estas tres categorías: riesgo standard, riesgo de recuperación tardía de la función renal (NTA=necrosis tubular aguda) y riesgo de rechazo.
(***) ATG, Timoglobulina.
CsA, Ciclosporina-Neoral.
   
  3. Tratamiento antirrechazo
 

El rechazo continúa siendo una causa frecuente de pérdida del trasplante. La mayoría de los centros prefiere en estas circunstancias un diagnóstico histológico por biopsia del injerto antes de comenzar un tratamiento específico. Esto es particularmente importante si se consideran los riesgos relacionados al exceso de inmunosupresión.

Para rechazos leves a moderados el tratamiento standard incluye bolos de altas dosis de cortocoides. La efectividad de este tratamiento supera el 80% de los episodios de rechazo agudo celular. Para rechazos graves o resistentes a esteroides se emplean con frecuencia anticuerpos antilinfocíticos, generalmente OKT-3, que es efectivo hasta en un 90% adicional.

En los pacientes que presentan rechazo agudo refractario a estos tratamientos el injerto generalmente está destinado a perderse. En estos casos se han informado resultados variables con regímenes de rescate usando FK-506, Micofenolato o Rapamicina.