Introducción
Esta es la más antigua de las derivaciones urinarias. La
publicó Bricker, cirujano, miembro de la Sociedad Americana de
Cirugía, en Surgery, Gynecology and Obstetrics, en
1950. Lo importante es que ha pasado la prueba del tiempo,
funciona y se continúa realizando, desde hace más de 50 años.
Es la técnica que se usa de rutina en el Anderson
Memorial, es la técnica que se usa aún, junto con otras,
en muchos servicios de urología, como en la Clínica Mayo o en
Stanford, California.
Técnica quirúrgica
Esta técnica la diseñó Bricker para la exanteración
pelviana, pero los urólogos la adoptamos a propósito de la
cistectomía radical. Se toma un asa de 25 cm, aproximadamente.
Es muy importante no olvidar, una vez que se haya sacado el
asa y se anastomosa el intestino, que el asa de Bricker no
puede quedar mal ubicada con respecto a la anastomosis
intestinal; de lo contrario, se tendrá una obstrucción
intestinal. Luego se continúa con la liberación de uréteres y
la unión al intestino, lo que se realiza sin necesidad de
túnel; sólo se anastomosa directamente. El asa se lleva al
orificio de la piel, el ideal es que quede un poco levantada
sobre la piel, para que no se sumerja, con los uréteres
puestos abajo. La gracia de este proceso es que permite un
flujo urinario continuo a una bolsa, y por tanto no hay
reservorio, no hay orina detenida, estancada, en ninguna parte
del sistema.
Ventajas
Es técnicamente más fácil que las demás, es más fácil que
hacer un Indiana, un Studer, y más fácil que
hacer cualquier derivación ortotópica.
Exige menos
tiempo, sangra menos, es menos compleja. No hay suturas
larguísimas y aburridoras de intestino, para quienes no
tenemos staples ni equipamiento muy moderno, lo que
acorta su ejecución. Luego, es un sistema perfectamente
adecuado para pacientes mayores, pacientes de alto riesgo o
bien, quizás, pacientes cuya sobrevida no sería muy
prolongada, por tener un cáncer de vejiga que sea de muy mal
pronóstico y que probablemente no se justifique hacer grandes
proezas quirúrgicas, si el enfermo no va a sobrevivir ni
siquiera tres años.
En todos los artículos relativos a
comparaciones de derivaciones urinarias, que se han publicado
en Journal of Urology en los cinco últimos años, el
punto de referencia es el conducto ileal: conducto ileal
frente a conducto ortotópico o no ortotópico, conducto ileal
versus Cock pouch, entre otros. El punto de referencia
es el conducto ileal; el Bricker, por lo tanto, funciona, o no
sería el punto de referencia. Al año de operados, todos los
pacientes portadores de un Bricker se sienten tan satisfechos
y cómodos con esta derivación como se sentirían con cualquier
otra derivación urinaria. No es peor ni mejor que otras,
además de que a los cincuenta años de su creación, sigue en
uso.
Complicaciones
Luego de revisar 19 casos de Bricker realizados en el
servicio, todos pacientes operados de cistectomía radical,
tenemos una estenosis del neoimplante ureteral que hubo que
reoperar, porque se produjo una hidronefrosis a los seis
meses. El paciente lleva en este momento diecisiete años de
operado, está en perfectas condiciones y hace su vida
normal.
No tenemos ninguna estenosis del ostoma
cutáneo, ninguna hernia paraostomal. No ha habido infección
urinaria en el asa, que es la ventaja que tiene el Bricker.
Como es un sistema de paso, no hay reservorio urinario, no hay
orina detenida; entonces, es sumamente improbable que se vaya
a desarrollar una infección urinaria en esas condiciones y,
por lo mismo, el riesgo de litiasis es mínimo: no tengo
recuerdo de que hayamos tenido una litiasis en un asa de
Bricker. Sí las hemos tenido en reservorios urinarios
continentes.
La desventaja para nosotros es el costo
de los implementos necesarios para la mantención de la
urostomía. En otros países, a los pacientes se les da los
implementos necesarios; pero, en nuestro sistema de salud
pública, el paciente debe comprar sus bolsas, el aro, y, según
la marca, el costo que esto tiene al valor de mayo de 2002,
fluctúa entre 25.000 y 30.000 pesos mensuales. Esto, para una
persona modesta, que no tiene los medios, puede ser una carga
demasiado pesada para sus menguados ingresos; luego, es una
situación que se debe tomar en cuenta al plantearle a un
paciente de nuestra salud pública la posibilidad de hacerle
una derivación tipo Bricker. Pero no hay que olvidar que si es
una vejiga autocontinente que tienen que autocateterizar, eso
también significa insumo, probablemente no tan elevado como en
el Bricker, pero que también se debe considerar.
Conclusiones
El Bricker funciona y aún es una alternativa vigente al
momento de decidir una derivación urinaria.
La edición y publicación
de esta conferencia han sido posibles gracias a un auspicio
sin restricciones de Pfizer.
Medwave. Año 3, No. 8, Edición Septiembre 2003.
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