La incontinencia urinaria se define como la “condición en el cual
se produce una pérdida involuntaria de la orina por la uretra suficiente
para constituirse en un problema social/ médico”.
Es un síntoma-problema heterogéneo, frecuente de encontrar en los
adultos mayores. Su presencia produce en la persona múltiples problemas
psicológicos y sociales, ya que se ha demostrado que siempre contribuye a:
• Promover al aislamiento social.
- Producir trastornos psíquicos.
- Producir abrasiones cutáneas.
- Producir infecciones urinarias.
- Es una razón frecuente de ingreso a instituciones.
En los miembros del equipo de la salud y en la población general existe
una escasa y mala información sobre la incontinencia urinaria.
Frecuentemente, se atribuye a una consecuencia normal del proceso de
envejecimiento y, lo que es aún peor, a un trastorno sin solución o
irreversible. La Geriatría ha demostrado que dichas suposiciones son
falsas y promueve que el médico de atención primaria y los otros
especialistas tengan conocimientos suficientes para detectar y evaluar
casos de incontinencia urinaria en el adulto mayor. Todo médico debe saber
cuáles son las posibilidades terapéuticas en cada caso y saber cuándo
derivar a tiempo a los pacientes. En el adulto mayor siempre debemos
buscar una solución que mejore su calidad de vida y poder aliviar a los
cuidadores.
Prevalencia
Los estudios epidemiológicos indican que es un trastorno de alta
prevalencia: en promedio varían las series entre un 10 a 34% en las
personas mayores de 65 años de edad que viven en la comunidad y puede
llegar a un 50 a 60% en las instituciones geriátricas y hospitales
generales. Sabemos que estas cifras son aún mayores entre las mujeres,
aumentan a mayor edad (>75 años) y se relacionan estrechamente con
aquellos que presentan alteraciones y/o fallas de las funciones
cognitivas y funcionales-físicas.
Con toda seguridad la prevalencia está subestimada, ya que sólo una
pequeña proporción de los pacientes que la padecen solicitan ayuda
médica, por considerarla parte del envejecimiento normal. Además, hay
miedo y sobre todo vergüenza de los propios pacientes de contárselo a
sus familiares. Por otra parte, algunos estudios demuestran que el 30%
de aquellos que refieren el síntoma al médico general no reciben ningún
tipo de evaluación.
Las preguntas recomendadas para su pesquisa son: “¿Pierde Ud. orina
cuando no lo desea?” “¿Usa Ud. algún protector, toalla o paño higénico
en caso de pérdida de orina?” “¿Tiene Ud. problemas con su vejiga, se
moja sin querer?
Fisiopatología de la incontinencia urinaria
Antes de discutir el proceso diagnóstico y el tratamiento, es necesario
conocer el proceso normal de la continencia urinaria y algunos de los
cambios que sufre el aparato urinario inferior con el paso de los años.
Para mantener la continencia urinaria es básico que estén indemnes las
estructuras anatómicas que participan en la micción, vejiga, uretra,
músculos del piso pelviano, así como también la médula espinal y los
nervios periféricos que inervan el aparato urinario. Lo anterior debe ser
acompañado de un estado cognitivo que permita reconocer la necesidad de la
micción y una adecuada movilidad. Una alteración en cualquiera de estos
niveles podría inducir incontinencia urinaria, pero muchas veces en el
adulto mayor existe una sumatoria de factores. Además, debemos tener
presente los factores ambientales (tipo de habitación, calidad de los
baños, etc.) y los iatrogénicos. (fármacos, amarras, etc.) que son
frecuentes de observar en los pacientes de edad.
No se sabe exactamente cómo el proceso de envejecimiento afecta a la
morfología y funcionamiento del sistema urinario. Con los años se produce
una disminución de células del sistema nervioso central, de la musculatura
estriada, de los nervios autonómicos y de la actividad estrogénica. Uno de
los fenómenos más importantes a destacar es el cambio en el patrón
urinario, ya que los adultos mayores tienden a excretar en la noche la
mayor parte del líquido ingerido durante el día (nicturia). Mediante los
estudios urodinámicos se ha determinado otros cambios, como una
disminución de la capacidad vesical, disminución de la compliance vesical
y uretral, disminución de la presión de cierre uretral máxima, aumento del
residuo postmiccional y un aumento de las contracciones no inhibidas del
detrusor.
Sabemos que en la vegiga los receptores parasimpáticos colinérgicos
están fundamentalmente en el cuerpo vesical (producen contracción); los
receptores simpáticos alfa adrenérgicos están principalmente en la base de
la vegiga, cuello vesical y uretra (producen contracción); los receptores
beta adrenérgicos en mayor proporción en el cuerpo vesical (producen
relajación), aunque existen en el cuello y uretra.
Clasificación clínica de las incontinencias
Los síntomas, pueden ser producidos cuando se afecta la vegiga y la
uretra por procesos inflamatorios, problemas de almacenamiento, disfunción
del vaciamiento, vegiga neurogénica y nicturia.
Para un manejo clínico práctico, la incontinencia urinaria se
subdividen en:
Incontinencia urinaria aguda
En toda evaluación de un paciente incontinente es siempre necesario
identificar si el baño está muy lejos o si existe alguna falla funcional
que no permite llegar a tiempo; además debemos buscar y tratar las
llamadas causas transitorias. Estas se pueden agrupar en el método
nemotécnico DRIP (goteo en inglés).
- Delirio-confusión: siempre requiere su identificación y tratamiento
médico de la causa subyacente.
- Restricción de la movilidad-inmovilidad, ya sea secundaria a
enfermedades médicas o impuesto por el personal del equipo de salud;
también se inducen al disminuir la conciencia del paciente en cuanto a
la necesidad de orinar o simplemente no hay una accesibilidad y/o un
lugar físico adecuado para efectuar la micción. Siempre se debe intentar
primero manejar estas situaciones con cambios de las condiciones
ambientales, tales como horarios fijos para ir al baño, uso de
sustitutos del baño, baños portátiles cercanos, educación al paciente y
cuidadores. Si ello no resultara, se puede utilizar una sonda o
recolector por tiempo corto.
- Incontinencia urinaria por rebosamiento: sospecharla en todo caso de
incontinencia urinaria de comienzo brusco en presencia de globo vesical.
Puede ser causado por causas prostáticas, neurológicas, fármacos
(anticolinérgicos, alfa-adrenérgicos, narcóticos, etc.) y también por la
impactación de un fecaloma.
- Inflamación-infección: cualquier proceso inflamatorio (infeccioso o
no) puede inducir incontinencia: vaginitis, uretritis, infección
urinaria. El rol de la bacteriuria asintomática en la incontinencia es
incierto, algunos autores sugieren tratarla si es de reciente comienzo y
observar el resultado; otros no tratar aquellos casos de incontinencia
de larga data.
- Poliuria: relativamente poco común de observar en los ancianos.
Buscar y manejar los trastornos como diabetes mellitus mal controlada,
hipercalcemia, ingesta de bebidas que contienen cafeína y reabsorción de
edemas, entre otros.
- Polifarmacia: frecuentemente los adultos mayores utilizan varios
medicamentos en forma simultánea, muchos de los cuales pueden inducir
incontinencia: diuréticos, anticolinérgicos, alfa adrenérgicos y
narcóticos (pueden producir retención urinaria); bloqueadores alfa
adrenérgicos (disminuyen el tono uretral) y psicotrópicos (disminuyen la
conciencia de la necesidad de micción). Siempre que sea posible, se
debería suspender el medicamento en cuestión, modificar su posología o
cambiar en el horario de administración. No olvidar el papel que puede
tener la ingesta exagerada de alcohol.
Incontinencia urinaria persistente
Existen algunos tipos básicos de incontinencia urinaria persistente
en el anciano. No son necesariamente excluyentes y pueden coexistir
varios de ellos en un mismo paciente.
Incontinencia de esfuerzo (stress). Es el tipo más frecuente
en mujeres postmenopáusicas recientes y muy poco común en los mayores de
75 años. Se produce pérdida urinaria de pequeños volúmenes frente a
esfuerzos físicos que suponen un aumento de la presión intraabdominal
(toser, reír, estornudar) por esfuerzo. En estos casos, la presión
intravesical supera la presión de cierre uretral, no hay falla
intrínsica del esfínter ni participación de contracciones del detrusor.
Frecuentemente se debe a una falla a nivel de los mecanismos de soporte
pélvico, relajación de las estructuras perineales, traduciéndose en un
descenso de la vejiga y la uretra. Es característico el hipoestrogenismo
y a veces se observa cistocele. El manejo general es evitar tener la
vegiga llena, disminuir la obesidad y tratar la tos; además los
ejercicios de Kegel o la colocación de un pesario pueden ser útiles.
Debe diferenciarse de la producida por incompetencia esfinteriana
intrínseca (llamada grado III), que es producida por daño del esfinter
post cirugía vaginal múltiple, algunas enfermedades neurólogicas,
vasculares y divertículos uretrales. Incontinencia de urgencia o
urgeincontinencia (inestabilidad del detrusor, hiperreflexia,
incontinencia no inhibida). Es común de observar en ambos sexos (en
hombres es generalmente secundaria a obstrucción) y en los mayores de 75
años. Típicamente el paciente relata que no alcanza a llegar al baño.
Consiste en la pérdida involuntaria de orina asociada a un deseo
repentino, brusco, de orinar. La vejiga no se relaja durante la fase de
acomodación y se vacía apenas siente el deseo de orinar, por lo que
puede perder gran cantidad de orina. Frecuentemente está ligada a una
hiperreflexia del destrusor, por lo que la vejiga se contrae durante la
fase de continencia, sobrepasando la presión del esfinter. Se asocia
también a trastornos neurológicos como la demencia y enfermedades
cerebrovasculares. Se recomienda horario fijo para ir al baño y
relajantes de la vejiga.
Incontinencia por rebosamiento
(overflow). Hay un volumen residual excesivo. Se produce pérdida de
orina, generalmente de pequeños volúmenes, que es secundaria a una
dificultad del vaciamiento vesical por obstrucción mecánica o falla
vesical. La vejiga es incapaz de vaciarse en su totalidad y va
acumulando orina en su interior, hasta que la presión intravesical
sobrepasa la presión esfinteriana y se produce un goteo. Entre las
causas mecánicas cabe destacar hipertrofia benigna de la próstata,
estrechez uretral, gran cistocele. Las causas funcionales son aquellas
en que la vejiga no es capaz de contraerse adecuadamente (vejiga
hipotónica) como la vejiga neurogénica y lesiones de médula espinal.
Incontinencia funcional. Existe pérdida de orina asociada
a la incapacidad de ir al baño debido a trastornos mentales o físicos,
resistencia psicológica u obstáculos ambientales para ese paciente.
Algunos ejemplos son demencia grave, trastornos neurológicos, depresión,
ira, hostilidad.
Incompetencia esfinteriana masculina. Es
muy poco común, en general se presenta después de cirugía prostática o
urológica en que se produce un daño del esfinter. Fisiopatológicamente
corresponde a un incontinencia urinaria de esfuerzo Grado III de la
mujer.
Incontinencia mixta. Probablemente ocurre en el
10% de los casos de adultos mayores; coexiste inestabilidad del detrusor
y debilidad del esfínter uretral.
Evaluación de la incontinencia urinaria
Es un síntoma-problema cuyo diagnóstico debe ser abordado mediante una
anamnesis completa (incluye cartilla miccional o ciclo miccional),
exámenes de laboratorio generales y exámenes complementarios (residuo post
miccional, estudio urodinámico y cistoscopia o uretrocistografía) los
cuales no abordaremos. No es el propósito de este artículo profundizar
extensamente sobre los diferentes tratamientos disponibles actualmente
para la incontinencia urinaria. Sí es recomendable para los médicos
generales que se enfrentan día a día con pacientes incontinentes saber el
manejo inicial de ellos, cuándo derivarlos al especialista y sobre todo
conocer una aproximación básica de los tratamientos.
Evaluación diagnóstica – primera fase. En todos los pacientes
se debe realizar una acuciosa anamnesis respecto a inicio de la
incontinencia y factores precipitantes, síntomas asociados, así como
frecuencia y cantidad de pérdida de orina (ciclo miccional).
En en el examen físico es necesario evaluar la función cognitiva, la
movilidad, el estado neurológico, especialmente en lo que se refiere a
la inervación lumbosacra, un examen pelviano y rectal: buscando
cistocele, hipertrofia benigna de la próstata, vaginitis atrófica, etc.
Además es conveniente efectuar una Cartilla Miccional, que es un
autorreporte sobre episodios de vaciamiento vesical: se anota
diariamente y durante una semana la hora y volumen urinario y si alcanzó
o no a llegar al baño.
Con estas simples herramientas, en la mayoría de los casos es posible
realizar una buena aproximación diagnóstica, evitando así someter a
todos los pacientes a otros exámenes que pueden ser costosos, incómodos
e invasivos.
Evaluación diagnóstica - segunda fase. Lo primero que debe
realizar el médico es buscar, para descartar y tratar, alguna de las
condiciones reversibles que predispongan a la incontinencia urinaria.
Para ello, en la literatura se sugiere solicitar a todos los pacientes
mayores examen de orina completa, urocultivo, niveles plasmáticos de
glucosa, urea y creatinina, tacto rectal y ginecológico y determinación
del volumen residual postmiccional.
Indicaciones de derivación a especialista
- Anamnesis:
- Antecedente de cirugía del tracto urinario inferior
o pelviana, irradiación pelviana en los últimos 6 meses. - Recaída o
recurrencia frecuente de infecciones sintomáticas del tracto urinario.
- Examen Físico:
- Prolapso pelviano pronunciado o masa pélvica.
- Hipertrofia prostática o sospecha de carcinoma
- Pruebas simples de función del tracto urinario inferior:
-
Dificultad marcada en el inicio de la micción o interrupción del chorro
urinario. - Incontinencia urinaria de esfuerzo marcada en una mujer
que es candidata para cirugía, fracaso de la terapia conductual o
farmacológica, incontinencia urinaria de esfuerzo en un hombre. -
Pasaje dificultoso de un catéter recto French 14. - Residuo
postmiccional mayor a 100 ml.
- Análisis de orina.
- Microhematuria en ausencia de bacteriuria y
piuria.
- Incertidumbre diagnóstica, incapacidad para realizar un diagnóstico
luego de la evaluación inicial y pruebas simples de la función del
tracto urinario inferior.
- Falla de respuesta a un ensayo terapéutico adecuado en aquellos
casos de incontinencia de urgencia o de esfuerzo.
Estudio urodinámico Permite el más acabado análisis de las variables
fisiopatológicas que intervienen en la acumulación de orina y la
micción. Además, establece con seguridad la presencia de inestabilidad
vesical y la presencia de hipocontractilidad del detrusor, la
incompetencia esfinteriana, disinergia del esfinter (descoordinación en
la apertura del esfínter durante la mición). Este estudio ayuda mucho en
los casos difíciles, en el control pre y post operatorio, Parkinson,
etc.
Tratamiento de la incontinencia urinaria
Un concepto clave del tratamiento de un adulto mayor es que el objetivo
del tratamiento no siempre es la cura del problema, sino que la mayoría de
las veces es intentar mejorar los síntomas, prevenir complicaciones y
mejorar la calidad de vida del paciente. Debe ser además individualizado a
cada caso en su contexto social y familiar. Por ello, es fundamental
plantear en conjunto con el paciente y sus familiares o cuidadores
expectativas que sean realistas para cada caso.
Al elegir un tipo de tratamiento, se debe tener en cuenta por un lado
la mayor vulnerabilidad de los adultos mayores a la cirugía y a la terapia
farmacológica y por otra siempre buscar el grado de confort del paciente,
ya que muchas veces para sentirse cómodo puede bastar el disminuir la
intensidad de los síntomas.
Es muy importante, asimismo, informar a los pacientes que los
resultados positivos de cualquier intervención terapéutica (especialmente
con fármacos) no siempre son inmediatos, pudiendo pasar semanas a meses
para observar alguna mejoría.
Existen una serie de medidas generales aplicables a la gran mayoría de
los pacientes mayores que sufren de incontinencia urinaria como asegurar
un ambiente que facilite la continencia: tener accesos fáciles a los
cuartos de baño, que deben estar bien iluminados y con una altura de WC
adecuada. En el caso de pacientes con problemas de movilidad: sillas con
orinal al lado de la cama, botellas sanitarias, cuñas etc.
Terapias Conductuales
Dependientes de los pacientes. Exigen un estado cognitivo
adecuado para aprender las técnicas. Aquí se encuentran los ejercicios
de Kegel (o del suelo pélvico) destinados a fortalecer la musculatura
del cuello vesical y mejorar la función del esfínter uretral. El
paciente debe tratar de parar el chorro miccional cada vez que acude al
baño por períodos de 10 segundos. Otro método es el Reentrenamiento de
la Vejiga: se le solicita que orine sólo cuando está programado y con
intervalos progresivamente más largos hasta llegar a cada 3-4 horas.
Dependientes de los cuidadores. Utiles en pacientes que están
mental o físicamente deteriorados. Más que cambiar un hábito, se intenta
en ellos mantener al paciente seco. Un método demostrado como eficaz es
el “Prompt Voiding”, en que se pregunta al paciente a intervalos
regulares si desea orinar.
Tratamientos específicos de la incontinencia urinaria
Incontinencia urinaria de urgencia. Se debe buscar problemas
corregibles, como edema, ajustar cantidad y horario de ingesta de
líquido, acercar el WC, etc. Si con lo anterior no se obtienen buenos
resultados, es efectiva una combinación de terapia conductual y
fármacos. Algunos de ellos son anticolinérgicos, oxibutidina
(combinación de relajante músculo liso y anticolinérgico), flavoxato
(relajante músculo liso), antidepresivos tricíclicos (imipramina), que
en general deben usarse a dosis bajas por los efectos secundarios
indeseables que producen en los adultos mayores. Actualmente está
tolterodina que es más selectiva, con menos efectos secundarios y
alcanzando hasta un 70% de efecto positivo en los síntomas.
Incontinencia urinaria de esfuerzo. Incluye los ejercicios del
suelo pélvico (Kegel) para fortalecer la acción del esfínter uretral. Si
son comprendidos y practicados regularmente, se ha comunicado hasta un
70% de éxito a las 6 semanas y 50% a los 5 años. Se recomienda además
apoyo farmacológico, estrógenos orales o tópicos para tonificar las
partes blandas, combinados o no a un agonista alfaadrenérgico como la
fenilpropanolamina (que eleva el tono muscular uretral). En los casos
sin respuesta a estas terapias, se indica la cirugía.
Incontinencia por rebosamiento. La finalidad del tratamiento
es mejorar el drenaje vesical. En los casos de adenoma prostático, gran
cistocele y la estenosis uretral el tratamiento definitivo de elección
es la cirugía. Cuando este es rechazado, puede plantearse un tratamiento
farmacológico basado en antagonistas alfadrenérgicos: prazocina,
terazocina, doxazocina. Para el caso de rebosamiento por vejiga
hipotónica, existe poca experiencia con agentes colinérgicos. Mejores
resultados se ha obtenido con el cateterismo intermitente cada 4-6 horas
o con la frecuencia necesaria para mantener volúmenes residuales menores
de 150 ml.
Incontinencias funcionales. Se benefician con las terapias
conductuales y algunos simples cambios ambientales.
Catéter definitivo. Cuando todas las medidas terapeúticas
fallan o si el paciente no tolera el cateterismo intermitente o en
situaciones especiales, como en pacientes terminales, se puede usar los
catéteres permanentes o también los colectores externos.
Las complicaciones y los riesgos potenciales de su uso son las
infecciones urinarias, sepsis y la formación de cálculos en la vegiga.
Referencias escogidas
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- OUSLANDER J G. Urinary Incontinence En: Geriatrics Review Syllabus
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- American Geriatrics Society. Kendall Hunt, USA. 1996: 124-33.
- Incontinence En: Essentials of Clinical Geriatrics (3rd Ed) Ed. Kane
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- FARRAR D J, WEBSTER G M. The bladder and urethra En: Principles and
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