Infecciones urinarias
Manejo clínico
Para facilitar el
manejo clínico de las ITU podemos distinguir las siguientes
categorías:
Mujer
joven con cistitis aguda
El aspecto más
discutido es la duración del tratamiento antibiótico aunque, en general,
la mayoría de los estudios apoyan la pauta de tres días como la más
apropiada. Las pautas de 7 días no aportan mayores beneficios y si más
inconvenientes como son más efectos secundarios, favorece la falta de
cumplimiento de la posología favoreciendo resistencias bacterianas y un
mayor coste económico (ver indicaciones de pauta de 7 días en Tabla VI).
Las pautas monodosis también pueden ser utilizadas pero con mayor
frecuencia de recurrencias y menores tasas de curación que las de tres
días. A dosis única, el mejor antibiótico en cuanto a tasa de curación
es el cotrimoxazol, los peores los beta-lactámicos y entre ambos se
encuentran las quinolonas y la fosfomicina-trometamol. La
fosfomicina-trometamol no es eficaz contra el Staphylococcus
saprophyticus que es el segundo productor de ITU en las mujeres jóvenes.
En conclusión, cualquier antibiótico utilizado en monodosis es menos
eficaz que el mismo antibiótico usado en pauta de tres días. Para todo
esto hay que tener en cuenta lo anteriormente descrito en cuanto a
resistencias antibióticas en nuestro país. En caso de infección de más
de siete días de evolución o cistitis en mujeres que usan espermicidas o
diafragma como método anticonceptivo, es aconsejable realizar una pauta
de siete días. En caso de disuria importante puede añadirse
fenazopiridina (200mg/8 horas) al antibiótico.

En las cistitis
agudas en mujeres jóvenes no es necesario el urocultivo previo ni el
post-tratamiento por ser fácilmente previsibles los gérmenes causantes y
con una susceptibilidad antibiótica predecible. Sólo en caso de
persistencia de los síntomas o complicación de la ITU sería necesario el
urocultivo. Los antibióticos a utilizar y sus dosis pueden verse en la
Tabla VII.

Mujer
con ITU recurrente
La recurrencia de la
ITU se observa en el 20-30 por ciento de las mujeres con un episodio
inicial de cistitis aguda. La recurrencia es en el 90 por ciento de los
casos una reinfección, es decir, una nueva infección, por una bacteria
distinta y que ocurre pasadas más de dos semanas de la anterior. En un
10 por ciento de los casos es por una recidiva, es decir, una
recurrencia de la ITU por el mismo gérmen y durante las dos primeras
semanas tras la primera ITU como consecuencia de la persistencia de un
foco bacteriano.
Las causas de las recurrencias hay que buscarlas
no solo en la existencia de alteraciones anatómicas o funcionales que
encontramos en menos de un 5 por ciento del total, pocas veces
corregibles, sino en una cierta predisposición biológica y en una serie
de conductas como las relaciones sexuales. Las mujeres premenopáusicas
que han tenido tres relaciones sexuales a la semana presentan un riesgo
2.6 superior a las mujeres sin relaciones y si la relación era diaria el
riesgo es 9 veces superior. Otros factores implicados en las
recurrencias son el uso de espermicidas durante 12 meses, primer
episodio de ITU antes de los 15 años, cambios de pareja en el año
anterior y antecedentes de ITU en la madre de la paciente. No se ha
demostrado que exista asociación entre ITU recurrentes y micción pre y/o
poscoital, el número diario de micciones, los hábitos de limpieza
corporal tras la defecación, la utilización de duchas vaginales, bañera,
el empleo de medias tipo pantys o ropas ceñidas como leotardos ni el
índice de masa corporal.
Las ITU que recidivan o no se resuelven
al terminar el tratamiento requieren urocultivo y antibiograma, se
considera que el gérmen no era sensible a ese antibiótico y tratamos de
nuevo durante 14 días con otro antibiótico. En el caso de las
reinfecciones el tratamiento es el mismo que el de las infecciones
esporádicas. La presencia de tres o más ITU al año o dos o más en 6
meses con urocultivo post-tratamiento negativo nos indica la
conveniencia de realizar una profilaxis antibiótica continua todos los
días o tres días por semana (dosis pequeñas de antibióticos por la
noche) para evitar estas recurrencias. El tratamiento se prolonga
durante seis-doce meses, realizando urocultivos mensuales para asegurar
la erradicación de la ITU. Si persisten las ITU sintomáticas (el 50 por
ciento de las ITU recurren al finalizar la profilaxis) el periodo podría
alargarse a dos o más años. El uso de antibióticos de forma continua se
relaciona con un descenso del 95 por ciento de las ITU
recurrentes.
Si las recurrencias se relacionan con la actividad
sexual puede realizarse una profilaxis poscoital con monodosis baja de
antibiótico, siendo ésta tan efectiva como la profilaxis continua con
las ventajas de comodidad, menos efectos secundarios, menos desarrollo
de resistencias y bajo coste. En mujeres que acepten mal la profilaxis
continua durante largos períodos y presentan menos de tres episodios de
ITU al año puede optarse por el autotratamiento ante la clínica de ITU,
siendo las mujeres previamente instruidas al efecto. Tres estudios han
demostrado que en pacientes con un nivel intelectual suficiente, el
autodiagnóstico de las cistitis se estableció correctamente en más del
90 por ciento de los casos. En mujeres postmenopáusicas a parte de la
profilaxis antibiótica puede indicarse la aplicación tópica vaginal de
una crema de estrógenos que previene las bacteriurias al mejorar el
epitelio vaginal.
En un estudio se demostró que la aplicación
intravaginal de cremas de estrógenos redujo la incidencia de infecciones
recurrentes de 5,9 infecciones por paciente-año a 0,5 infecciones
paciente-año. Se demostró que provocaba el aumento de concentración de
Lactobacillus a nivel vaginal y disminuía la colonización vaginal por E.
coli. Se puede usar 0.5 gramos de estriol en crema vaginal cada noche,
dos semanas al mes durante 8 meses.
Otros factores de riesgo que
pueden ser modificados son el cambio de método anticonceptivo si se
utilizan espermicidas o diafragmas. La ingesta de zumo de arándanos es
una medida profiláctica eficaz contra las recurrencias según se ha
demostrado en mujeres mayores. Los arándanos contienen una sustancia que
impide la adhesión de las bacterias a las células del epitelio
urotelial. En resumen, tenemos tres posibilidades en el tratamiento
profiláctico de las ITU recurrentes:
a) Profilaxis diaria
nocturna o tres días por semana durante 6 meses con antibiótico a dosis
baja.
b) Profilaxis antibiótica poscoital si hay relación con la
actividad sexual.
c) Autotratamiento antibiótico en mujeres
previamente instruidas y que no aceptan el tratamiento continuo. Los
antibióticos y las pautas utilizadas en las ITU recurrentes pueden verse
en la Tabla VIII.

En la Figura 1
se muestra un algoritmo sobre las infecciones recurrentes.

Mujer
joven con pielonefritis aguda
no complicada
Cuando sospechemos
este cuadro clínico es necesario recoger orina para urocultivo previo al
tratamiento antibiótico. Una vez recogida la muestra se inicia el
antibiótico de forma empírica y debe mantenerse al menos durante 14
días; pautas más largas no aportan beneficios. A las dos semanas del fin
del tratamiento debe realizarse urocultivo de control. Puede ser
conveniente el urocultivo a las 72 horas de inicio del tratamiento,
sobre todo, en casos de persistencia de la fiebre, insuficiencia renal
avanzada o infección complicada. En el caso de que la paciente requiera
hospitalización también se obtendrán hemocultivos. Las causas por las
que se puede requerir ingreso hospitalario son:
1) Dificultad
para asegurar un buen grado de hidratación y/o toma de la
medicación.
2) Embarazo.
3) Inmunodeprimidos.
4) Grave
afectación del estado general (fiebre elevada, astenia marcada, dolor
intenso).
5) Insuficiencia renal.
6) Aparición tras manipulación
instrumental u hospitalización reciente.
7) Portadores de sonda
vesical.
8) Sospecha de litiasis o malformación urinaria.
El
tratamiento de la pielonefritis que requiere ingreso comienza con
antibiótico vía parenteral hasta que el paciente esté afebril, con pocos
síntomas y tolerando por vía oral, pasando entonces a recibir el
tratamiento por boca hasta completar 14 días. Los pacientes con recaída
de la pielonefritis después de los 14 días de tratamiento deben realizar
un nuevo ciclo, previo urocultivo y antibiograma, durante 4-6 semanas y,
posteriormente, estudio de las vías urinarias. El estudio de imagen de
las pielonefritis debe indicarse cuando el paciente continua con fiebre
72 horas después de iniciado el tratamiento y se deben realizar
ecografía y/o TAC para descartar complicaciones. Si se hallan abscesos,
pionefrosis o nefritis focal hay que realizar drenaje y tratamiento
antibiótico. Los abscesos de tamaño superior a 3 cm deberán drenarse,
bien por vía percutánea mediante ecografía o TAC, o mediante Cirugía,
especialmente indicada si existe patología subyacente como litiasis
obstructiva. En el caso de absceso renal el tratamiento antibiótico se
prolongará durante 4-6 semanas.
En el caso de las pielonefritis
crónica tan importante como el tratamiento en la fase aguda es la
corrección de las anomalías urológicas y tratar con precocidad las
complicaciones.
La pauta antibiótica que se puede utilizar se ve en la Tabla
IX.

ITU en
la mujer embarazada
La ITU es la
infección más frecuente durante este período y la principal causa de
fiebre. Los episodios de fiebre en la gestante por ITU son hasta cinco
veces más frecuentes que los producidos por infecciones virales. El
riesgo de padecer ITU sintomática aumenta a lo largo del embarazo y lo
esencial es la detección de la ITU asintomática o no, lo más pronto
posible y tratarla de forma adecuada para evitar la bacteriemia en todo
el embarazo.
Los factores de riesgo para padecer ITU en la
gestante sin enfermedad concomitante son: edad mayor de 30 años, nivel
socio-económico bajo, multíparas, historia previa de ITU y rasgo
falciforme. Se debe realizar siempre urocultivo en el primer trimestre
del embarazo y si éste es positivo tratar a la mujer con pauta
antibiótica de siete días, realizar urocultivo de control a las dos
semanas y, si éste es negativo realizar urocultivo de forma mensual
hasta el final de la gestación para detectar posibles recidivas o
reinfecciones. En el caso de que el urocultivo de control postinfección
sea positivo y se aísle el mismo germen (recidiva) se aconseja
tratamiento durante 14-21 días. Si de nuevo se produce una recidiva tras
la primera, se excluirá una anomalía urológica mediante ecografía. Si no
hay causa evidente se aconseja realizar profilaxis antibiótica hasta el
parto. Las recurrencias se tratan como episodios aislados salvo si se
producen tres o más que se debe realizar profilaxis continua diaria
hasta el fin de la gestación. Si el urocultivo del primer trimestre es
negativo se realiza urocultivo mensual en el caso de mujer con ITU
previas y no más controles si no ha tenido nunca ITU anteriormente. El
olvido de ello en algún mes no tiene más importancia pues las ITU
adquiridas en fase más tardía son sintomáticas y fácilmente
identificables. Es infrecuente que tras un urocultivo negativo en el
primer trimestre se desarrollen ITU posteriormente.
Las
pielonefritis agudas requieren hospitalización y tratamiento parenteral.
Hasta un 20-60 por ciento de las gestantes con bacteriuria en el primer
trimestre desarrollan pielonefritis posteriormente y solo un 1,4 por
ciento las desarrollan si el urocultivo inicial era negativo.

Los antibióticos y
pautas aconsejadas en las gestantes se pueden ver en la Tabla X.
En
la Figura 2 se recogen las recomendaciones para la detección sistémica y
un algoritmo terapéutico de las recurrencias.

ITU
complicada
en el adulto
Para el diagnóstico
de ITU complicada es básico el urocultivo previo al tratamiento
antibiótico y suelen ser necesarias pruebas complementarias. Las
resistencia bacterianas se presentan más frecuentemente y se requieren
tratamientos prolongados (de 7 a 10 días y más de 4 semanas en el varón)
e incluso, tratamiento quirúrgico o de la causa predisponente. Los
antibióticos a utilizar son los mismos que para la pauta de tres días
(misma dosis y posología) pero durante más tiempo. El gérmen más
frecuente sigue siendo E. coli. Se requiere urocultivo de control tras
el tratamiento.
Varón
joven con ITU no complicada
La presencia de una
ITU en el varón se ha considerado siempre como una infección complicada,
sin embargo, recientemente se ha sugerido por diversos estudios que las
ITU pueden aparecer de forma espontánea en el varón joven sin ninguna
alteración del tracto urinario u otra causa. De todas formas, la
incidencia en este tipo de paciente es muy baja y los síntomas son los
típicos de una cistitis aguda. Requiere urocultivo pre y postratamiento,
pauta antibiótica durante 7-14 días. No requiere más tipo de pruebas si
responde bien al tratamiento.
ITU en
el paciente
con sonda vesical
El catéter vesical
produce bacteriuria a un ritmo aproximado del 5 por ciento al día
mientras está introducido. En el anciano, el mero hecho de introducir la
sonda puede producir bacteriuria en el 20 por ciento de los casos. La
duración del sondaje es el factor más importante para la aparición de
bacteriuria, a los 30 días prácticamente el 100 por 100 de los pacientes
son bacteriúricos. La bacteriuria es de 2 a 4 veces más frecuente en las
mujeres, pero en los varones generan más bacteriemias. La frecuencia de
ITU en el paciente sondado es de un 3 por ciento. La infección se
produce cuando las bacterias alcanzan la vejiga por una de estas dos
vías: emigrando por la columna de orina en la luz de la sonda (vía
intraluminal) o ascendiendo por la vaina mucosa situada por fuera de la
sonda (vía periuretral). Los patógenos hospitalarios llegan a la sonda
del paciente o al sistema colector de orina procedentes de las manos del
personal del hospital en soluciones o irrigaciones y a través del
instrumental. Las bacterias alcanzan la vejiga en un plazo de 24-72
horas. La bacteriemia por gramnegativos, que sigue al 1 ó 2 por ciento
de las bacteriemias asociadas a sondas, es la complicación más grave que
se conoce de las ITU asociadas a sondas. Se ha demostrado que las vías
urinarias sondadas son el origen más frecuente de bacteriemias por
gramnegativos en pacientes hospitalizados, responsables en general del
30 por ciento aproximadamente de los casos.
Las ITU afectan
aproximadamente al 2 por ciento de pacientes hospitalizados y de éstos,
un 75-85 por ciento son portadores de sonda vesical. La prevención de
las ITU en estos pacientes es la mejor estrategia para reducir la
morbi-mortalidad. Esta prevención consiste en no usar sondas si no son
completamente necesarias, su inserción estéril y los cuidados
posteriores y la utilización de circuitos de drenaje cerrados. Las
sondas de silicona y teflón son menos irritantes que las de látex. Los
principales factores de riesgo en el desarrollo de ITU en enfermos
sondados pueden verse en la tabla XI. La profilaxis antibiótica no está
indicada por ineficaz en estos pacientes sondados crónicamente. El uso
de irrigaciones de neomicina-polimixina no previene las ITU asociadas a
la sonda. Tampoco está indicada la profilaxis antibiótica en el recambio
de la sonda de forma sistemática y solamente parece aconsejado en estas
circunstancias: factores de riesgo de endocarditis, neutropénicos e
inmunodeprimidos, trasplantados renales, diabéticos y con cirrosis
hepática y con episodios previos de bacteriemia tras el recambio, todo
ello con una profilaxis de duración máxima de 24 horas. En caso de
sospecha de ITU debe cambiarse la sonda si esta lleva puesta más de 2
semanas antes de empezar con antibióticos, ello se debe a que con
frecuencia se crea un biofilm en las paredes de la sonda y las bacterias
atrapadas en ella no son atacadas por el fármaco.
El tratamiento
debe realizarse con antibióticos de amplio espectro, basado en
urocultivo previo, durante 7-14 días. El tratamiento empírico se puede
comenzar con cefalosporinas de segunda generación o
amoxicilina-clavulánico y, en base al resultado del urocultivo,
continuar con quinolonas o cotrimoxazol. En pacientes seriamente
afectados el tratamiento debería ser por vía parenteral, una vez
ingresados, con ceftazidima o ampicilina+aminoglucósidos. En el caso de
retirada de la sonda y persistencia de la bacteriuria varios días
después de ello, está indicado el urocultivo y, si éste es positivo, el
inicio de tratamiento.
Bacteriuria asintomática(BUA)
Aparece en un 40 por
ciento de los ancianos, sobre todo en asilos y residencias, pero aunque
tienen mayor probabilidad de desarrollar una ITU, la tasa de
complicaciones es muy baja, el uso de antibióticos provoca efectos
secundarios y aumenta las infecciones por gérmenes resistentes. Por ello
no está indicado ni el screening ni el tratamiento preventivo en esta
población. La prevalencia de BUA a los 10 meses de edad es del 2.5 por
ciento en los niños y del 0.9 por ciento en las niñas y, después del
primer año disminuye en niños pero no en niñas. Se estima que un 5-10
por ciento de las niñas sufren un episodio de BUA antes de cumplir los
10 años pero la mayoría desaparecen de forma espontánea o cambian de
gérmenes, aunque otras pueden persistir meses. Se ha demostrado que la
presencia de BUA en los niños con tracto urinario normal no supone
riesgo de pielonefritis ni de cicatrices renales y por ello no se
recomienda el screening sistemático durante la infancia. En la mujer
adulta la prevalencia de BUA llega al 5 por ciento y suelen ser
episodios transitorios relacionados con la actividad sexual, menos de un
10 por ciento evoluciona a ITU. El screening en los diabéticos es un
tema en el que existen discrepancias.
Las únicas indicaciones claras
de tratar la BUA son dos: en las gestantes para prevenir el desarrollo
de pielonefritis aguda y el riesgo de prematuridad y bajo peso del
recién nacido y, cuando el paciente que va a ser sometido a una cirugía
urológica. En pacientes sondados, los antibióticos no erradican la
bacteriuria, no reducen los gérmenes y pueden seleccionar patógenos
resistentes. Por ello, solo está justificado tratar la BUA en el sondado
cuando: van a someterse a Cirugía urológica, ya que la bacteriuria puede
infectar la herida quirúrgica y aumentar las complicaciones sépticas
postoperatorias; pacientes con valvulopatía por el riesgo de
endocarditis, fundamentalmente por Enterococcus faecalis; historia de
ITU de repetición por bacterias ureolíticas y episodios repetidos de
obstrucción; BUA por Serratia marcescens por su alta incidencia de
sepsis y en inmunodeprimidos. También en trasplantados renales,
diabéticos y cirrosis hepática.
En el tratamiento de la BUA,
cuando está indicado, se usan pautas de 7 a 10 días con los antibióticos
y dosis habituales. La bacteriuria recurre en el 20-30 por ciento de los
casos en mujeres gestantes y, por ello, se aconseja un urocultivo de
control a la semana de haber finalizado el tratamiento. También se
aconseja tratar la bacteriuria persistente a los 3-5 días de la retirada
de la sonda.
ITU en
la infancia
En los niños
pequeños la mayoría de las ITU se asocian con fiebre por lo que se asume
que son pielonefritis. Más del 90 por ciento de ITU durante el primer
año de vida se asocian con afectación renal (pielonefritis). De los
niños que desarrollan una pielonefritis, aproximadamente entre el 36-52
por ciento van a desarrollar posteriormente una cicatrización renal.
Hasta los 5 años y, sobre todo hasta los 2 años, la principal
consecuencia son las cicatrices renales. A partir de los 5 años es raro
que progresen o se presenten nuevas cicatrices renales. La mayoría de
las cicatrices desaparecen con el tiempo o no tienen consecuencias pero,
en al edad adulta, hasta un 20-30 por ciento desarrollan hipertensión,
disfunción renal y fallo renal. Por lo tanto, a estas edades ante la
mínima sospecha de ITU debe realizarse urocultivo y valorar la
conveniencia de realizar pruebas complementarias para descartar
anomalías anatómicas o funcionales, sobre todo el reflujo
vesicoureteral. Se halla reflujo hasta en el 50 por ciento de los niños
con bacteriuria sintomática o asintomática. La cicatrización renal es
más frecuente cuando se retrasa el inicio del tratamiento antibiótico o
cuando existe una respuesta lenta a éste. Los antibióticos a usar en la
infancia son los mismos que en el adulto adecuando las dosis al peso del
niño y durante siete días en cistitis y durante 12-14 días en caso de
pielonefritis. Los niños con pielonefritis deben ser ingresados en el
hospital comenzando el tratamiento i.v para pasarlo a vía oral a los 2
días una vez afebril y asintomático. Las quinolonas no deben utilizarse
en los niños.
El seguimiento en los niños varía en función de la
edad y de la sospecha de nuevas ITU. Los urocultivos sistemáticos no
están recomendados en pacientes asintomáticos. Si al cabo de un año de
seguimiento con urocultivos no se han producido más infecciones se
abandona el seguimiento pero si se han producido nuevas ITU o
bacteriurias asintomáticas es conveniente la derivación al
nefrólogo.
En el caso que durante las dos primeras semanas de la
pielonefritis no se haya podido realizar una gammagrafía isotópica se
realizará a los 8-12 meses para descartar cicatrices renales
permanentes.
También se ha demostrado que la circuncisión en
recién nacidos da lugar a una disminución de 9 veces la incidencia de
ITU durante el primer año de vida, sobre todo si se realiza en los tres
primeros meses de vida.
Abacteriuria sintomática o síndrome uretral
Requiere exudado
vaginal, prostático y uretral previos y tratamiento según resultados. En
caso de resultados negativos se hace un tratamiento con tetraciclinas
(doxiciclina 100 mg/12 horas o clorhidrato de tetraciclina 500mg/6
horas, durante 7-10 días). También se puede usar la azitromicina en
dosis única. En niños o embarazadas se usa eritromicina. Se aconseja
tratar a la pareja/as sexuales del último mes. Si no hay mejoría se
debería valorar remitir al urólogo para realizar pruebas
complementarias. Las uretritis secundarias a la sonda vesical suelen
curar al retirar la sonda. El tratamiento empírico puede hacerse con
quinolonas a dosis habituales o con doxiciclina 100mg/12 horas durante 7
días. Los compañeros sexuales del último mes deben tratarse y utilizar
preservativo en el coito hasta que todos hayan sido tratados.
Varón con prostatitis aguda
Los antibióticos a
emplear deben ser solubles en lípidos, con propiedades básicas y
mínimamente unidos a proteínas, todo ello para que tengan una buena
penetración en el tejido prostático. El tratamiento inicial de la forma
aguda se aconseja comenzarlo en el hospital para garantizar una adecuada
analgesia e hidratación con antibióticos vía parenteral para luego pasar
a la vía oral. Se aconseja que el tratamiento dure en total 4 semanas (3
meses si es una recidiva). Se pueden usar quinolonas(norfloxacino,
400/12 horas, ciprofloxacino, 500/12 horas y ofloxacino, 200/12 horas).
También se usan cefalosporinas de 3ª generación, levofloxacino y
aztreonam. Si existe obstrucción uretral hay que poner sonda vesical por
vía suprapúbica y, asimismo, si el paciente ya era portador de sonda,
hay que quitarla y poner una suprapúbica. En el caso de fiebre
persistente más de 72 horas hay que sospechar absceso intraprostático y
drenarlo mediante punción guiada por ecografía. Otras complicaciones
pueden ser la bacteriemia, pielonefritis, vesiculitis seminal y
epididimitis. El pronóstico a largo plazo es bueno y desde la
utilización de los antibióticos, la frecuencia de prostatitis bacteriana
aguda ha disminuido considerablemente y muchos casos, así
diagnosticados, probablemente sean uretritis posteriores.
Varón
con prostatitis crónica
El tratamiento se
debe hacer de acuerdo a la sensibilidad del gérmen aislado. Se pueden
usar quinolonas durante 4-6 semanas y hasta 3 meses si se usa
cotrimoxazol. En caso de fracaso se puede optar por un tratamiento más
largo o por una pauta supresiva de larga duración con un comprimido de
cotrimoxazol al día, 200 mg de una quinolona de 2ª generación o 100 mg
de nitrofurantoína al día. El tratamiento supresivo sería para evitar el
paso de bacterias a la orina. Se podrían usar alfabloqueantes como
terazosina 10-15 mg o doxazosina 4-8 mg en dosis única al acostarse para
relajar le uretra proximal y evitar el reflujo intraprostático de la
orina. A veces es necesario el tratamiento quirúrgico, realizándose
entonces una prostatectomía transuretral completa, eliminando el tejido
infectado, siendo efectiva en un tercio de los pacientes. La
prostatectomía total logra la curación a expensas de una considerable
morbilidad.
Tanto en las prostatitis agudas como en las crónicas
deben hacerse urocultivos de control a los 15 días, al mes y, si es
posible, tras varios meses de finalizado el tratamiento.
Varón
con orquiepididimitis aguda
Las medidas
generales a realizar son la utilización de un suspensorio durante un
mes, reposo en cama durante 3-5 días y aplicación de frío local. Se usan
AINE, para la inflamación y analgésicos tipo metamizol. El tratamiento
empírico depende de la edad y las características del paciente:
-
Adultos menores de 35-40 años (sospecha de infección de transmisión
sexual): ceftriaxona, 250mg i.m. en dosis única seguida de doxiciclina,
100mg /12 horas durante 10 días. Debe tratarse a los compañeros sexuales
del último mes y evitar el coito sin preservativo, hasta que el paciente
y sus contactos hayan sido tratados.
- Adultos mayores de 40
años(sospecha de infección bacteriana inespecífica): ciprofloxacino 500
mg/12 horas, ofloxacino 400 mg/12 horas o cotrimoxazol, 160/800 mg/12
horas durante 4 semanas. Estos antibióticos pueden ser sustituidos
cuando llegue el antibiograma. La recomendación de la duración del
tratamiento se basa en la elevada incidencia de prostatitis
asociada.
Este tratamiento se mantiene hasta le llegada del
antibiograma. La resolución completa del dolor puede tardar más de dos
semanas y el aumento del tamaño del epidídimo puede persistir hasta
cuatro semanas. La persistencia de fiebre más de tres días nos debe
hacer sospechar un posible absceso en el teste.
Malacoplaquia
El tratamiento de
base es antibiótico para controlar la infección crónica bacteriana.
Podemos utilizar rifampicina, sulfamidas y trimetropin. También podemos
usar anticolinérgicos, vitamina C que potencia a estos últimos y, en
caso de progresión renal, nefrectomía. Están contraindicados los
inmunosupresores y los corticoides.
TBC
urinaria
La tuberculosis
urinaria responde bien al tratamiento antituberculoso. El tratamiento
será el habitual con pautas de 6 ó 9 meses con isoniazida, rifampicina y
pirazinamida. La cirugía debe reservarse para casos de destrucción renal
o resistencia absoluta a los fármacos para evitar la destrucción renal y
retracción vesical progresiva.
En las embarazadas el régimen de
elección son 9 meses con isoniazida y rifampicina usando el etambutol en
los dos primeros meses. Si es necesario se puede utilizar pirazinamida
pero no hay datos sobre su posible teratogenicidad. La estreptomicina
está contraindicada y la lactancia no es contraindicación para el
tratamiento, la mayor parte de los fármacos administrados aparecen en
pequeñas cantidades en al leche materna, pero a concentraciones que
están muy lejos de producir ningún efecto terapéutico o profiláctico en
el niño.
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